Si estoy soñando, no quiero que me despierten. No sé, ni cómo explicar lo que siento, al ver a mi hija frente a mí. Ella me mira, esperando una respuesta, al igual que los demás. —Claro que sí, mi princesa. —Respondo, en un hilo de voz. Extiendo mi mano, por lo que ella la toma y nos dirigimos a mi habitación. —¡Siéntate, linda!. —señalo la cama y toma asiento en ella. —Cuéntame, ¿Cómo has estado?. —Pregunto, cerrando la puerta y me acerco. —Sin rodeos, por favor. —Responde. —Vine, porque lo estuve pensando y creo que tengo el derecho a saber por qué me entregaste a ella, por qué me abandonaste. —Explica. —¡Ay, Samy!. —tomo asiento a su lado, acunando su mano entre las mías. Ella de inmediato, la retira. —Es que, yo no te abandoné. —suspiro. —Mira, cariño. Te voy a contar y si tienes p

