Hace un par de años, los padres de Cristian contrataron a una niñera para que cuidara de su hermanita menor. Se llamaba Isabel. Desde el inicio le comentó la señora de la casa que había un muchacho y que debía de tener mucho cuidado. —No se preocupe, señora. Estoy aquí para cuidar de esta niña, no para otra cosa—. Respondió con sinceridad. Sin embargo, desde que Cristian la miró por primera vez se encariñó de ella y poco a poco la fue conquistando hasta que finalmente se ganó su amor. —Necesito este trabajo, si me despiden por estar contigo serás el culpable—. Decía ella mientras se acomodaba en su pecho después de haber hecho el amor. —Te juro que si eso pasa, no quedarás sin empleo. Estoy a punto de heredar la presidencia de la empresa y serás mi asistente cuando eso suceda—. Pro

