El camino de regreso a la mansión se hizo eterno y estuvo envuelto en un silencio que pesaba más que la lluvia fina que golpeaba el parabrisas. Por suerte, Leo no tuvo ninguna complicación en su pierna. Solo sufrió una herida que necesitó de varios puntos de sutura y requería de un par de semanas de inmovilización. Iba sentado en el asiento trasero con sus hermanos. El trío se comunicaba de forma magistral solo con miradas y unos pocos movimientos de labios. Elena los veía con atención a través del retrovisor buscando traducir sus palabras y gestos, pero resultaba imposible. Menos aun cuando ellos notaron su escrutinio y decidieron no seguir «hablando en silencio». Adrian manejaba con las manos tan aferradas al volante que tenía los nudillos blancos. Los limpiaparabrisas marcaban un r

