Elena bajó al comedor acompañando a los trillizos. Leo caminaba con cuidado frente a ella. Se apoyaba en las muletas que ahora manejaba con cierta torpeza, aunque esforzándose por hacerlo bien. Theo llevaba bajo el brazo una libreta llena de fichas de colores y Max no se separaba de su espada de madera. Mientras se ubicaban en sus asientos, la puerta del comedor se abrió y Adrian apareció. Los niños dibujaron sonrisas en sus rostros, motivadas por el sobresalto emocional que les produjo ver a su padre en casa. —Pensé que habían iniciado sin mí —bromeó él mientras se apresuraba a acercarse a Leo para ayudarlo a sentarse tomando las muletas. —Acabamos de llegar —reveló Theo, ubicándose rápido en su puesto. Max dejó su espada en una mesa auxiliar y corrió a su silla. Elena apretó los labi

