AMÉRICA En cuanto nos dicen que estamos en medio de una tormenta, siento un escalofrío recorrer mi espina dorsal. Quiero tener a Madeline cerca de mí, pero cuando el avión comienza a moverse, me da un ataque de pánico. —Tengo miedo —le repito a Bryce. Tomo su brazo mientras él me lleva hacia uno de los asientos traseros, donde no estamos a la vista de nadie. No me dice nada; levanto la mirada y observo que la suya está fija en un punto de la ventana. Giro con la intención de ver lo que a él le llama la atención, pero la cierra y me coloca el cinturón de seguridad como si fuera una niña pequeña. —No —le doy un manotazo ligero con manos temblorosas. Frunce el ceño. —América —dice mi nombre en tono de sentencia. —No lo hagas, no me gusta —balbuceo sin sentido alguno. —Nada va a pasar

