No fue hasta la mañana siguiente que las sospechas de Jyp resultaron estar plenamente justificadas. Si Morris alguna vez hubiera tenido la ambición de ser un empresario de circo, se habría vendido como pan caliente a juzgar por su actuación cuando presentó a su nueva secretaria. Su anuncio no hubiera sido más efectivo si hubiera iniciado un desfile de malabaristas acompañado de un redoble de tambores. Después de invitarlos a todos a su oficina, abrió de par en par su puerta interior con una floritura teatral para revelar la figura emocionada de… Patience. Antes de que Jyp pudiera recuperarse de la conmoción, ella entró en la habitación y le echó los brazos al cuello y le dio un gran beso, para su vergüenza. —Oh, Jefferson, qué amable eres al pensar en mí cuando sabías que necesitaba un

