Al final resultó que Reg no estaba en condiciones de dar saltos cuando entró cojeando a la mañana siguiente. A primera vista, parecía como si lo hubieran arrastrado a través de un seto hacia atrás. De hecho, estaba tan maltrecho que Jyp apenas lo reconoció. Tenía un ojo hinchado, tenía un brazo en cabestrillo y el otro dependía de una muleta para atravesar la puerta. —¿Qué diablos…? —Jyp lo ayudó a abrirse camino hasta la silla más cercana—. ¿Qué te ha pasado? —Puedes preguntar —jadeó Reg, reprimiendo con un golpe—. Estaba doblando la esquina de la carretera cuando un lunático se dirigió directamente hacia mí y al minuto siguiente estaba volando por los aires y aterricé encima del capó de su coche. —Vale, tranquilo —Jyp lo ayudó a enderezarse—. ¿Estaba borracho o algo así? Reg resopló:

