Ella pasaba los dedos por una percha de vestidos mientras pensaba en los sucesos de la mañana, cuando su teléfono empezó a sonar. —No lo contestes —advirtió Janka al ver el nombre en la pantalla. Rechazó la llamada y luego gimió cuando inmediatamente empezó a sonar de nuevo. —Maldita sea. —Enojada apartó la percha de ropa y contestó el teléfono—. Mamá, ¿qué quieres? —¿Demolieron la casa? —No. Vendí la casa. El hombre que me la compró la demolió. Está construyendo un parque de juegos. —Tu hermana está devastada. —Okay, mamá, necesito que me escuches, y digo realmente escuchar, ahora mismo. Ella necesita ayuda psiquiátrica. Está tan obsesionada con tener todo lo que es mío, que se ha desquiciado. Está enferma mentalmente. —Ella te ama. Quiere ser como tú. —No, ella me odia y quiere

