Recorrieron el Museo Metropolitano de Arte y Liesl quedó sin aliento. —Sabes, algún día tus obras de arte podrían estar aquí. —Oh, Dios mío, no —dijo mirándolo, incrédula—. Estos son los maestros. —Miró un Van Gogh—. Sus pinturas de cipreses son divinas. —Tienes mucho talento en tu propio derecho. —No comparable a Van Gogh. —Se rio ante su expresión seria—. Isaías, mi arte podría ser como palitos en comparación con esto. —No es cierto. Tu arte le habla a la gente, Liesl. Escuché las conversaciones que tuviste en tu exposición. La gente siente tu arte. Se pierden en las emociones que transmites. El cuadro que compré hace años, por ejemplo, me transporta a un lugar relajante. Cuando he tenido un día en el que todo ha salido mal, puedo sentarme y contemplar el cuadro y sentir la calma a

