Bajo la ducha

2046 Words
Faltaban dos días para que finalizara el año, y los planes de Adele habían cambiado por completo. Lo que al principio imaginó vivir sola ahora se volvía familiar. Con su mirada puesta en las caras sonrientes de Paolo y sus padres que charlaban amenamente, Adele podía sentir un ambiente tan cálido, como estar cerca de una chimenea en una noche fría. Paolo actuaba como novio enamorado con Adele, adoraba tocarla, sentirla en sus brazos. Ellos eran amantes que se daban el uno al otro sin que nada les preocupara. Ambos al entregarse sanaban heridas internas y olvidaban el hecho de no sentirse suficientes para sus antiguas parejas. Sin que se percatara de lo que provocaba en Paolo al entregarse a él con tanta libertad al hacer el amor, vivía instantes que cualquier mujer deseara vivir bajo el cuerpo de un hombre tan intenso y tierno como lo era Paolo. En la cabeza de Adele, lo que vivía con Paolo era un romance apasionado que terminaría al iniciar el año, cuando ella debía volver a su tierra. Esa realidad era más fuerte que el maravilloso sueño que estaba viviendo junto a él. Adele acuno su cabeza en el hombro de Paolo y suspiró pensando: ¡Qué lástima que esto terminará tan pronto! Sin comprender lo que pasaba por la cabeza de Adele, Paolo la abrazo fuerte y con una gran sonrisa besó el cabello de Adele para luego decirle: Hoy conocerás donde creci, espero que te guste mi amor… Al escuchar lo que acababa de decir Paolo, Adele levantó su cabeza y él la besó tan dulcemente que la hizo suspirar. Disfruta del viaje Adele, vive el aroma de mi tierra y deja que te enamore… Dijo Paolo, antes de volverla a besar y esta vez, el beso tardó un poco más. Cuando Adele abrió los ojos los padres de Paolo la miraban sonrientes, felices por el amor que podían ver en su hijo y su novia americana. Adele les sonrió, decidiendo en su interior no pensar, sino dedicarse a disfrutar de cada momento como si fuera el último de su vida. Adele caminó para asomarse por la borda del pequeño barco privado, mientras las olas del Golfo de Nápoles golpeaban suavemente el casco. El cielo, despejado y azul parecía unirse al mar en el horizonte. A lo lejos, el Vesubio se alzaba majestuoso, y las fachadas coloridas de Nápoles se iban haciendo más pequeñas conforme avanzaban hacia las colinas verdes y doradas que enmarcaban la costa. ¿Estás bien, Adele? Le preguntó Paolo con una sonrisa, alzando un vaso de limonada recién servida por un asistente. Sí, solo disfrutaba del paisaje, no sabía que existían lugares tan hermosos… respondió girando la cabeza para mirar a Paolo. Los padres de Paolo, dos personas de gestos amables y risas suaves, observaban con tranquilidad el paisaje como si lo vieran por primera vez cada día. Su madre, vestida con sencillez pero con elegancia, señaló hacia adelante. Adele querida, pronto verás nuestra villa…dijo con un brillo especial en los ojos. Está en lo alto de la montaña, como una corona sobre el viñedo. Adele no podía imaginar la dimensión de las palabras de la madre de Paolo, ella pensó que hablaba de una pequeña viña al lado de una bella casita campreste. El barco disminuyó la velocidad al acercarse a una pequeña cala donde un muelle de piedra blanca los esperaba. Allí, un auto clásico n***o, perfectamente pulido, aguardaba con las puertas abiertas. Adele miró con asombro las interminables hileras de vides que cubrían las laderas de la montaña. El verde era tan intenso que parecía pintado a mano. Disimulando su asombro y confusión, Adele subió en el hermoso auto seguida de Paolo y sus padres. El camino serpenteaba colina arriba, ofreciendo a cada curva una vista más impresionante que la anterior: pequeños pueblos encaramados en riscos, el mar extendiéndose como un espejo brillante, y, en la cima, la villa. Un majestuoso caserón de piedra color crema con detalles en terracota se alzaba sobre un mar de viñedos. Alrededor, olivos centenarios y cipreses altos formaban un cuadro perfectamente italiano. ¡Bienvenida a nuestra casa! Dijo el padre de Paolo con orgullo. El chofer bajó del auto y abrió las puertas de la villa con un gesto familiar. El interior era un equilibrio perfecto entre el lujo y la calidez. Grandes ventanales inundaban de luz cada sala, permitiendo que los paisajes entraran como si fueran parte del mobiliario. Muebles de madera oscura, lámparas de cristal y flores frescas adornaban las mesas. Adele caminó hacia la terraza principal y se detuvo. Desde allí, podía ver todo el viñedo, donde pequeños grupos de trabajadores cosechaban las uvas con cuidado. Más allá, el mar relucía bajo el sol de la tarde, y el sonido del viento parecía traer consigo el susurro de las voces alegres de los trabajadores. Paolo la abrazó por detrás rodeándola con sus brazos, para luego preguntarle: ¿Te gusta? Todo esto… ¡Es como una pintura, como estar soñando! Dijo impresionada de lo que veía Esto es el trabajo de muchas generaciones, en mi familia hacer vino es una tradición sagrada…respondió Paolo. Los padres de Paolo se unieron a ellos, y su madre extendió una bandeja con cuatro copas y una botella de su mejor vino. ¡Este vino es nuestro orgullo! Dijo el padre de Paolo tomando una copa de vino. Es parte de nuestra historia Adele, este vino fue preparado y embotellado por mi tatarabuelo, él fue el primero en creer en esto, y en nuestra familia hemos seguido sus pasos, por generaciones hemos seguido sus recetas, y creado nuevas mezclas… Cuando todos tenían una copa en sus manos dijo el padre de Paolo: ¡Brindemos por la dicha de tenerte entre nosotros querida Adele… Adele sonrió, tomó un sorbo del delicioso vino y exclamó: ¡Es exquisito! Te lo dije, es el mejor… Dijo con orgullo el padre de Paolo. En ese lugar el tiempo parecía detenerse. Allí, en la villa de la montaña, entre viñedos, mar y la calidez de aquella familia, Adele encontró algo que parecía irreal. Una familia que la recibió con los brazos abiertos, con una calidez impresionante y que se veía muy feliz de volver a ver a Paolo entre ellos. La familia de Paolo era un sueño hecho realidad. Como lo fue la primera noche en aquella casa. La habitación de Adele era hermosa, fresca y muy cómoda al igual que su cama qué fue asaltada a la media noche por la presencia de Paolo. Con un puñado de caricias y muchos besos rodeados de sonrisas hasta que se quedaron dormidos, abrazados el uno al otro bajo las sábanas que los abrigaban. Por la mañana, el agua tibia de la ducha los recibía a los dos, Paolo amaba sentir las manos de Adele recorrer su cuerpo y tocarlo sensualmente. Esa sensación erizaba su piel y le fascinaba. Cuando era su turno, sus manos se deleitaban tocando el cuerpo de Adele. Solo qué a él se le hacía casi imposible no desear más. Cuando el jabón caía a sus pies y el agua tibia había llevado sus deseos al máximo, Paolo la tomó de su cadera y la hizo rodear su cadera con sus piernas. El momento lleno de besos apasionados llevó a Adele a un clímax tan fuerte, como el que nunca había experimentado. Con su voz entrecortada Adele no dejaba de repetir el nombre de Paolo. Mientras que Paolo se sumergia en un extasis surrealista, nunca en toda su vida había disfrutado de una intensidad así. Después de aquella entrega tan apasionada, ambos se comian a besos dulcemente, olvidándose por completo de donde estaban. Adele, sé que debes irte en dos días, pero… ¡Por favor quédate! Vivamos juntos esto, aquí… Déjame mostrarte mi mundo, déjame enseñarte quien soy, y después decidirás si te gustaría quedarte conmigo o no… Sé que amaste a otro, y yo también pensé amar a otra… Pero cada vez que te hago el amor Adele, todo se borra de mi cabeza, de mi corazón y mi piel… Eres … Me gustaría hallar una palabra adecuada para describirte Adele… Tan mala soy… Dijo Adele sonriendo pícaramente . Sonriendo respondió Paolo: Eres una delicia Adele. Un deleite de reyes, un sueño maravilloso, una manjar exquisito …. Eres hermosa, dulce, divertida… Eres… Exquisitamente sensual, tremendamente sexy, me encantas, me fascinas, me enloqueces y cuando estoy dentro de ti siempre quiero más… Más de ti Adele, más y cada vez más… No quiero que esto termine, no quiero renunciar a lo que tengo contigo… Adele, dame una oportunidad… ¿Oportunidad de qué Paolo? De saciar todas tus ganas y después qué… Esto es un loco romance Paolo, los dos lo estamos viviendo para sanar nuestras heridas y recuperar nuestra confianza como amantes, y no voy a negar que me encanta, locamente me gusta como me haces el amor… Pero… No quiero sufrir otra decepción. No quiero más promesas que nunca se cumplirán… Paolo, tu me gustas mucho. Eres muy especial, y me fascina ser tu amante. Esto es algo que yo jamas habría hecho, ¡pero lo hice, y no me arrepiento…! Pero no quiero abrir la puerta de mi corazón para recibir otro golpe… No quiero sufrir denuevo, no quiero volver a creer en un hombre que después de un tiempo se canse de mí y me deje por otra mejor que yo o más joven… Adele bajó su cabeza con un nudo en su garganta y después de reponerse un poco dijo: Lo mejor para los dos Paolo, es disfrutar de este romance y luego…. Continuar con nuestras vidas… Paolo la miró fijamente a los ojos observando el miedo en su mirada, tiernamente besó los ojos de Adele para luego decirle: Puedo entender como te sientes Adele… Pero a pesar de lo que has sufrido y lo que temes, no voy a renunciar a lo que me haces sentir… Adele, no solo me encanta hacerte el amor, ser tu amante… Yo rompí mi ética profesional contigo, porque desde el primer beso me enamoré de tus labios… Me sentí culpable y un traidor al haber disfrutado de tu boca, pero cuando entendí que no había razón para sentirme así, me dediqué a disfrutar cada roce de tu boca… Me gustas demasiado Adele, ¡demasiado! Y quiero tener una oportunidad contigo, una real, no quiero solo ser tu amante, un romance de año nuevo… Quiero una vida contigo … Aquí, como mi mujer por siempre…. ¿Qué quieres decir con tu mujer por siempre, Paolo? Apretándola contra su cuerpo dejándola sentir todo su ser, le respondió: Quiero que seas mi dueña por siempre, la madre se mis hijos, la señora de este hombre que te suplica qué le des la oportunidad de hacerte mi esposa… Adele sintió que sus pies dejaban el suelo, Paolo la volvía a poner sobre sus caderas, sus piernas rodeaban sus musculosos muslos. Adele… No temas… Siénteme … Este hombre está completamente rendido a ti. Siente lo que temes admitir, Adele… ¡Me enamoraste! ¡Estoy perdida y jodidamente loco por ti…! Adele podía ver el fuego en la mirada de Paolo, también la verdad en él, así que con un beso ardiente quiso desviar la conversación, pero a pesar de lograr que el cuerpo de Paolo adiera, él la miró fijamente sin dejarla escapar de su respuesta. Si lo que me pides es verdad Paolo, llévame a un abogado y que sea esta misma mañana el día en que me tomes por esposa. Adele pensó: Por supuesto que me dirá que no, por sus padres y su familia que se molestarían al enterarse de que los había excluido de una decisión como esta. Paolo la dejó sentir su ser deseándola como nunca antes, Adele no pudo evitar dejar salir un gemido y un suspiro a la vez. Con una sonrisa Paolo le respondió: Ponte un vestido blanco, porque antes de que den las 8 de la mañana, serás toda mía y yo tuyo por siempre… Con un beso suave y dulce le dijo: Gracias por darme esta oportunidad mi amor, no te haré promesas Adele, solo te diré: Haberte conocido y amado Adele, ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida.
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