Esa noche me dije: ¡Ya no puedo seguir con esto! Mañana será víspera de Navidad y Rick ni siquiera me ha comprado un regalo, de seguro saldrá por la mañana con alguna excusa para comprarme uno…
¡Ya no quiero eso! Ya no quiero escucharlo decir: No te preocupes cariño, el próximo año lo celebraremos como marido y mujer…
Adele imitaba el tono de voz que usaba Rick cada vez que lo decía, cada vez que ella le pedía una fecha para la boda terminaban discutiendo y luego de la discusión Rick le compraba una joya.
Adele ya no quería joyas, no quería promesas, no quería más mentiras ni falsas ilusiones.
Así que se fue a su habitación y empacó su ropa, luego entró en una página de citas y encontró a un atractivo italiano de cabello rubio, ojos verdes y labios rojos qué ofrecía sus servicios de acompañante y guía por Nápoles.
¿Nápoles? No había pensado en viajar tan lejos, pero sueña bien… Entre más distancia ponga entre Rick y yo será mejor…
Tomando la decisión habló con Paolo por teléfono y lo contrató cómo su guía. De inicio el guapo italiano de voz increíblemente varonil le habló de los límites en su contrato.
Señorita Adele, dijo muy serio Paolo. Seré su guía por Nápoles por cinco días, pero no habrá entre nosotros encuentros románticos, nada de sexo ni cosas semejantes…
¡No tengo interés de tener una aventura contigo! Lo único que quiero es un guía, ¡nada más! Así que puedes estar tranquilo Paolo, no tengo intenciones de mantener ningún tipo de relación con ningún hombre en este momento…
Muy bien señorita Adele, entonces la espero el 25 de diciembre en el aeropuerto, nuestro vuelo privado saldrá a eso de las 7 de la mañana, por favor no llegue tarde…
No hay problema… Y por favor Paolo, no me digas, señorita Adele, me hace sentir vieja, solo dime, Adele, a secas…
Muy bien Adele a secas, nos veremos a las 5 de la mañana el 25 de diciembre…
Es un hecho Paolo, allí estaré…
Una vez hecho el trato Adele depositó la mitad del dinero acordado con Paolo, luego reservó una habitación en un hotel que quedaba a pocos kilómetros del aeropuerto.
Su viaje estaba listo, su decisión tomada, ya no había vuelta atrás.
Como Rick estaba exhausto y roncaba como león, Adele aprovechó el ruido de los ronquidos de Rick para abrir la puerta y sacar sus maletas y ponerlas en su auto, luego se fue a descansar.
Por la mañana Adele preparó el desayuno como siempre lo hacía, Rick se había ido a dar una ducha antes de desayunar.
Tal y como lo imagino Adele, Rick mordió una tostada y le dió su acostumbrado beso en la mejilla para luego decir: ¡Huele delicioso cariño! ¡Me muero de hambre!
Sin mirar que Adele no comía, Rick acabo con todo lo que había en su plato, con todas las tostadas y el tocino.
Dejándole a Adele solo el huevo en su plato. Era muy normal para Adele esa conducta egoísta de Rick.
Ella nunca le tomó tanta importancia como esa mañana, ella veía comer a Rick cómo si le fueran a robar la comida de su plato.
Apartando su plato Adele esperó a escuchar de Rick la excusa que saldría de su boca para salir en busca de su regalo navideño para ella.
Cada 24 de diciembre por tres años Rick hacía lo mismo, dejaba para último la compra de su obsequio navideño, y siempre Adele terminaba recibiendo lo que no quería o no le gustaba.
Fingiendo estar muy agradecida y gustarle mucho su regalo, pero esa mañana Adele no iba a fingir, se había puesto el suéter navideño qué le había regalado Rick el año anterior y que ella odiaba para tomar fuerzas y hablar con Rick.
Ya me voy cariño, tengo que recoger unos documentos en casa de Steve, volveré en un par de horas para que vayamos a almorzar a casa de tus padres… Espero que no olvides los obsequios de tus padres y de tus sobrinos, porque no tengo tiempo para ir contigo a comprarlos…
Adele observaba a Rick acomodar la falda de su camisa en sus pantalones y tomando valor dijo: Ya envié los obsequios a casa de mis padres…
¿Por qué lo hiciste Adele? ¿No quieres ir a casa de tus padres este año? ¡Es una tradición! Tú madre prepara un ponche de huevo exquisito y tu padre disfruta de su hora de hombres mientras vemos el partido…
¿Qué te sucede cariño? ¿Te sientes mal o es tu periodo el que te tiene de mal humor?
Rick no se veía preocupado por la actitud de su mujer, creía que su enojo solo duraría un par de minutos, pero Adele lo sorprendió cuando le dijo: ¡Se terminó Rick! Me voy…
¿Irte, a dónde? Rick se quedó inmóvil mirando a Adele sin entender a qué se refería.
Adele se paró firme y le respondió: Me voy de tu vida Rick, de tus promesas de presentarme a tu familia en Orlando, estoy cansada de escucharte decir lo bien que cocina tu madre el guiso de carne y que ni una vez en tus viajes hayas querido llevarme contigo…
¡Ya no quiero seguir siendo tu prometida Rick! ¿Y sabes porqué? Por qué yo sé que esto no va a ninguna parte …
Escucha cariño, no creo que esté no es el mejor momento para discutir por tonterías, sé que estás molesta porque ayer te prometí llevarte a cenar y me quedé en la oficina hasta tarde…
¡Ven aquí Adele! Vamos cariño, dame un abrazo, ¡Es víspera de Navidad, tiempo de paz y de familia!
¡Por años Rick ha sido mi familia la que te ha recibido para Navidad! ¡La tuya nunca me ha recibido a mí! Y ya no quiero seguir fingiendo que soy feliz y que me gustan tus regalos navideños…
¿Crees que no sé a dónde vas Rick? Cada año es lo mismo, te olvidas de mí y sales corriendo el 24 de diciembre por la mañana a comprar lo primero que se te ocurre para dármelo a mí…
Mi hermano le compra a su esposa su obsequio de Navidad dos semanas antes, los esposos de mis hermanas lo hacen igual, y tú Rick, lo olvidas siempre…
¡Lo siento Adele! ¿Qué quieres que haga? ¡Soy así! Y así me amas… Y yo te quiero, eso debería bastarte…
Ya no Rick, ya no es suficiente para mí…
Entonces, ¿qué quieres que haga Adele?
Nada Rick, lo nuestro se terminó, ya no quiero vivir así, ¡ni un día más!
Quitándose el suéter que llevaba puesto, Adele lo puso delante de Rick diciendo: Te devuelvo tu obsequio, ¡lo odié desde el primer día!
Ah… Y en el closet están los demás obsequios navideños que me diste, también las joyas y todos los obsequios qué usaste para convencerme y que no te dejara…
Espero que seas feliz Rick, y que aprendas cómo amar y hacer feliz a una mujer…
¡Deberías estar agradecida conmigo Adele! Deberías besar el suelo que piso… Yo he sido demasiado bueno contigo Adele…
Me debes hasta la ropa que traes puesta. ¡No eras nada antes de mí, y no serás nada sin mí!
Con mucha seguridad Adele lo miró y le respondió: Te equivocas Rick, no te debo nada…
En el closet está todo lo que me diste, y en mis maletas todo lo que compré con mi trabajo y no me refiero al trabajo que me diste y que nunca me reconociste… No dependo de ti Rick, yo valgo por mí misma…
Tomando su bolso de mano Adele salió por la puerta del departamento y ante la mirada atónita de Rick arrancó su auto.
Rick estaba muy enojado, no le gustaba perder, así que le gritó furioso a Adele: ¡Volverás a mí arrepentida Adele y no pienses que voy perdonarte!
Adele arrancó su auto sin mirar atrás. Ya lejos, en una calle solitaria, Adele detuvo su auto y bajó de él. Miró atrás viendo lo que había hecho, luego miró al cielo y gritó: ¡Lo hice!
Jajajaja, ¡lo hice! … ¡No puede ser, lo hice, terminé con Rick! De repente una idea cruzó por su cabeza y con preocupación Adele dijo: ¿Qué van a decir mis padres, mis hermanos y mis amigos cuando se enteren?
Mordiéndose el labio inferior Adele sintió una angustia momentánea. Luego Adele miró otra vez atrás y luego hacía adelante y con una gran sonrisa dijo: ¡No me importa! Estaré muy lejos de aquí cómo para oírlos…
¡Nápoles, aquí voy..!
Subiendo a su auto Adele condujo hasta el hotel, entrando en su habitación dejó sus maletas para luego de almorzar reunirse con una mujer con la que por internet negoció su auto.
Después de venderlo, Adele volvió a su habitación y tirándose de espaldas en la cama se quedó profundamente dormida.
Cuando despertó eran las 6 de la tarde, su estómago fue el culpable de despertarla.
¡Muero de hambre! Iré por una copa de vino y algo de pavo… Usaré un vestido sexi y el cabello suelto…
Después de maquillarse una provocativa Adele bajó a cenar, pensando que se hablaría sola en el restaurante del hotel porque muchos estarían cenando con sus familias.
Pero se encontró con la sorpresa de que el restaurante estaba lleno, no había una mesa libre, sintiéndose decepcionada Adele iba a devolverse y pedir desde su habitación servicio al cuarto.
Pero justo cuando pensó que pasaría la víspera de Navidad sola en su habitación viendo películas de romance navideño, un elegante inglés de unos setenta y cinco años la invitó a cenar con él.
El hombre iba a pasar la navidad y el año nuevo con su única hija y sus tres nietos. El hombre no dejaba de halagar la belleza de Adele y de decir lo agradecido que estaba de que aceptara acompañarlo a cenar.
Señorita Adele, hoy me siento el hombre más afortunado del planeta, todos los hombres en ésta habitación sienten envidia de mí… Le gustaría bailar conmigo, sería un placer y un regalo tenerla en mis brazos aunque solo sea por unos minutos…
Adele le extendió la mano y con una sonrisa aceptó la invitación, en su interior Adele se dijo a sí misma: Si no fuera tan viejo y me recordará a mi abuelo, no dudaría en conquistarlo… Es un rico, elegante y educado, y puede verse todavía que fue bastante atractivo…
¡Y baila muy bien! Creo que esta noche la pasaré de maravilla…
Adele bailó con el inglés y disfrutó de una agradable conversación y de halagos que la hacían sonrojar. La atención del anciano era gratificante para Adele, la hacía sentirse bella, importante y especial .
El anciano fue un regalo para ella, cuando pensó que estaría sola y triste en la cena de navidad, ella estaba en compañía de un hombre encantador.