Las sábanas al amanecer tenían el aroma dulce del perfume de la mujer que las había hecho arder horas antes.
Paolo se movía suavemente bajo las sábanas sintiendo que su cuerpo pedía más de aquel exquisito placer que había quemado su piel.
Adele se había dejado llevar por la intensa libertad del amor sin temor ni vergüenza, él nunca había sentido tal pasión envolverlo por fuera y por dentro y arrastrarlo tan violentamente a la pasión.
La música que había escuchado en su cabeza mientras amaba a Adele todavía sonaba en su cabeza como una melodía eterna.
Una canción romántica que había escuchado mientras regresaban al hotel se había clavado en su cabeza y sonó de manera repetitiva en su memoria mientras la susurraba al oído de Adele quién la tararareaba después de cada beso que se daban.
Los dos parecían estar ebrios, su embriaguez no era de vino sino de libertad.
Ambos habían roto con una vida de mentiras en sus viejas relaciones, los dos habían sido cómplices de un engaño con sus antiguas parejas, Paolo y Adele celebraban el amor en sus pieles ansiosas de miel.
Cada uno dejó atrás el temor y las restricciones de un contrato, para abrirse a una nueva experiencia .
Paolo nunca había cruzado la línea de lo prohibido en su trabajo, Adele era un error, algo no permitido, pero eso en lugar de hacerle retroceder y cuestionar sus acciones, lo arrastraba mar adentro.
Mientras que Adele disfrutaba de lo que vivía como si estuviera nadando en un río cristalino lleno de flores.
Ambos disfrutaron de cada caricia, de cada mirada ardiente que invitaba sus manos a explorar más profundo en el deseo de conocer de que eran capaces al amar.
Adele no temió ser ella misma en medio de las piernas de Paolo, tampoco sintió restringirse al tocar y sentir. Ella no sintió el límite de la vergüenza si decía o hacia algo que pudiera enojar o hacer sentir incómodo a Paolo.
Con él podía sentir que navegaba en un mar caliente y suave que la arrastraba cada vez más adentro y esa sensación atrayente y poderosa le gustaba.
Ambos decidieron sentirse y disfrutarse sin pensar en otra cosa que no fuera amar.
Esa noche Paolo era parte de la piel suave y caliente de Adele, arrebatado por su risa y sus ojos que lo invadian por completo.
Ella era una mujer maravillosa y no solo en la cama, sino en su capacidad de hacerlo sentirse cómodo y libre de hablar lo que quisiera con ella.
La atención de Adele hacia lo que él dijera era genuina en ella, su mirada endulzaba cualquier pensamiento amargo, cualquier preocupación se iba en su compañía.
Y tenerle en sus brazos piel a piel era una sensación fuera de este mundo para Paolo. Él no quería que ella saliera de su cama ni de su habitación, pero justo cuando se quedaban dormidos abrazados llamaron los padres de Paolo.
Adele los escuchó molestos con Paolo por no llamarlos para decirles que había cambiado el día de la cena para el miércoles por la noche.
Su madre le decía por teléfono: ¡Eso no fue lo que te enseñamos Paolo! ¿Te imaginas lo que tu pobre padre sintió al llegar al restaurante y escuchar que no teníamos una mesa reservada y que no estarías allí con tu novia?
Tuve que calmarlo Paolo… Tu padre es un hombre de carácter fuerte y estaba tan molesto que pensó en irte a buscar, pero yo lo hice cambiar de idea… ¡Deberías agradecermelo Paolo, tu madre te libró de un momento bochornoso delante de tu cliente..!
¡Agradecemelo Paolo! Dime… Gracias máma…Gracias por librar mi pellejo con mi pápa….
Adele sonrió al escuchar a la madre de Paolo regañarlo como a un niño pequeño y con ternura besó a Paolo en la mejilla para luego salir de la cama.
Los ojos de Paolo estaban clavados en cada movimiento del cuerpo de Adele, sus ojos no se apartaban de cada curva.
Estaba luchando en su mente entre dos ideas, una era cortar la llamada de su madre y meter de nuevo a Adele en su cama. Y la otra era disculparse con su madre y con su padre que de seguro estaría tras su madre respirado indignación y enojo contra él.
Mientras sus oídos escuchaban el regaño de su madre, Adele ya vestida vino hacía él y lo besó en los labios, para luego decirle de manera audible para su madre al teléfono: Dile a tu madre que fue mi culpa, te retuve junto a mí demasiado tiempo y te hice olvidar llamarlos…
Dándole un beso intenso qué hizo suspirar a Paolo le dijo: Invítalos a almorzar, así podré conocerlos…
Volviendo a besarlo le dijo: Iré a descansar, nos veremos mañana…
Adele sonreía, al verla caminar hacía la puerta Paolo dejó su teléfono sobre la almohada alcanzando a Adele antes de que ella abriera la puerta.
Sin previo aviso Paolo la tomó de la cintura y colocandola contra la pared la besó de manera apasionada para luego decirle: ¡Gracias por una noche maravillosa!
Adele sonrió y muy coqueta dejó sus manos recorrer la espalda de Paolo hasta dónde quiso, para luego decirle: ¡Fue un enorme placer!
Paolo dejó escapar una suave risa al sentir las manos de Adele dejarle una invitación para después.
Aquella fue una invitación recibida y recíproca, cuando las manos de Paolo siguieron el juego intenso de Adele que quemaba su pecho y lo hacía arder.
Adele dijo al oído de Paolo que había pegado su cuerpo al suyo: Paolo…
Ummm… Dijo Paolo quien rozaba sus labios en el hombro de Adele
Paolo… Tu madre sigue al teléfono…
Oh… Cierto… Paolo miró el teléfono en su almohada mientras Adele abriendo la puerta antes de salir le regaló a Paolo una caricia furtiva que lo hizo reír y morderse el labio inferior.
Nos vemos mañana… Dijo Adele con una sonrisa en los labios antes de cerrar la puerta de la habitación de Paolo.
¡Es un hecho! Respondió Paolo
Luego de que Adele salió Paolo volvió a la cama y tomando su teléfono en la mano dijo a su madre: ¡Lo siento máma!
¿Porqué no me dijiste que estabas con tu novia? ¡Qué vergüenza, qué vergüenza Paolo! ¿Ahora que va a pensar de mí?
Su madre se escuchaba molesta y apenada.
Su padre tomó el teléfono y dijo: Hijo… Yo no fui el de la idea de llamarte… ¡Fue idea de tu madre!
Pero… Bien… También me siento apenado con tu mujer… ¡Porqué eso es lo que es! Ahora entiendo porque se te olvidó avisarnos… Espero que ella nos disculpe por interrumpirlos, y mañana para discúlpanos con ella le compraremos un obsequio…
Dime hijo… ¿Qué es lo que le gusta a tu novia?
Paolo no dudó en decirle a su padre lo que le gustaba a Adele, después de hacerlo se detuvo a pensar: ¿Qué curioso? En las pocos días que tengo de conocer a Adele se más de ella que lo que pude conocer de mi ex en más de un año juntos…
Esa idea le gustó a Paolo, Adele era un libro abierto, al menos lo era con él y esa idea le fascinaba.
Paolo habló con sus padres por unos minutos más y ellos le hacían preguntas sobre su novia, él les dijo que se llamaba Adele, les habló de su trabajo remoto, de lo inteligente y divertida que era.
Les comentó que amaba la comida italiana y sus panes y la diversidad de pastas, tanto dulces como saladas.
Su madre bromeó con eso y los tres rieron, Adele sin ser presentada con sus padres ya era del agrado de ellos.
Una vez terminó su conversación telefónica con sus padres, un satisfecho y feliz Paolo repasaba en su memoria cada instante de amor con Adele.
En su cabeza Adele ya no era su cliente ni el su guía turístico, ella era para él lo que dijo su padre, Adele, era su mujer.
Mientras el repasaba cada segundo al lado de Adele, ella en su habitación no podía creer lo que había hecho.
Mirandose al espejo después de darse una ducha, se decía: ¡Debiste volverte loca Adele! ¡Tú jamás hiciste algo como eso! Con Rick nunca pude ser libre de tocarlo como lo deseaba o imaginaba…
Él era tan metódico… O al menos lo era conmigo… ¡Ese idiota de seguro debió hacer con las otras todo lo que no hacía conmigo!
Bien… Dijo mirándose con una sonrisa pícara al espejo.
Rick se perdió de conocer mi lado salvaje… Pero con Paolo no voy a reprimir nada de lo que pienso, deseo o imagine, con él seré yo misma y tomaré el control de lo que sienta o desee…
Dando pequeños saltos como una niña feliz, Adele se metió en la cama y con una gran sonrisa en sus labios se fue quedando dormida.