No pegue el ojo en toda la noche, estuve mirando el techo hasta que no aguante más y me pare, salí a correr, pero la paranoia me consumió, cada que doblaba la esquina me aterraba de que alguien pudiera estar siguiéndome y casi me caigo tres veces, así que di media vuelta y regrese por donde vine. –Buenos días, vecina– miré sobre mi hombre al chico, era mi vecino del apartamento del final de pasillo, vivía con sus padres me dijo una vez, aunque era raro que nunca los hubiera visto, de seguro estaba en sus 20s o los acaba de cumplir, cada que nos veíamos nos coqueteábamos, sabiendo que nada iba a pasar, era solo un chico y a mí hace mucho tiempo me dejaron de gustar los niños, me gustaban mayores, experimentados. Le sonreí y lo saludé con un movimiento de cabeza. –¿De camino a la univers

