El oficial que peor humor tenía, el mismo que le había disparado, lo detuvo, dándole una media vuelta hasta tenerlo entonces de frente. —Muéstranos entonces a qué se debe todo esto, pero si nos fallas, te haremos escupir sangre, hijo de perra. Todavía, dentro de aquella inhóspita habitación carcelaria, Margott le contestó al hombre que le había comentado lo del auto cerca del portón. —Creo que Julius es lo suficientemente listo como para hacer algo tonto —supuso ella caminando por las escaleras cuesta abajo. —O demasiado tonto como para hacer algo listo, señora —la corrigió el hombre de la coleta a un paso tras ella—. Es una completa estupidez dejar el portón abierto en una situación semejante. —Y en cualquier otra situación —corrigió la mujer manteniendo siempre la barbilla en alto—.

