"Tú la mataste, pero te atreves a venir aquí, qué valiente". Mi mano permaneció extendida en dirección a Anne, mientras intentaba procesar el duro y sorpresivo golpe de sus palabras, hasta que finalmente me rendí. Isa, así que tu apellido era Sinclair, le dije a mi amiga en mi fuero interno, mirando a aquella fría mujer pelinegra frente a mí. Si, su personalidad sin corazón era igual a la del señor Riva. Es muy bonito, muy acorde a ti. Aunque... me hubiese gustado que tú me lo dijeras. Pero ella ya no estaba allí. Y tampoco podía defenderme de mujeres como Anne. —Yo... yo no maté a Isabel —le dije a la chica—. En verdad, no lo hice. Yo solo... Anne arqueó una oscura ceja. —¿Acaso me dirás que ella no te defendió de ese hombre al grado de morir por ti? ¿Me dirás que ese perverti

