Agua. Lo único que podía recordar era el agua entrando en sus pulmones, sofocándola, llevándola a ver destellos blancos. Quería poder nadar, pero el golpe en la espalda se lo impedía. Pateó el agua, la fuerte presión marítima que la llevaba hasta el fondo. Pestañeó. Solo había agua y un enorme crucero que pasó justo por encima de ella, ocultándola de la luz. Tenía un ardor en el cuello y la sangre fluía de la herida. Milán llevó las manos a su cuello. No era una herida mortal si la curaban a tiempo, pero estaba en medio de la nada, abandonada, hundiéndose cada segundo más. Pateó con más fuerza, abrió la boca y gritó cuando no logró elevarse. El dolor de la herida le inmovilizaba el brazo. No solo le disparó en el cuello, sino más abajo. Tenía orificios nuevos desde donde la vida se esc

