El coronel Lenin Glover, jefe de la principal comisaría en Toronto, se encontraba sentado detrás de su escritorio, con la mirada en los reconocimientos que llenaban sus paredes. Fueron meses de trabajo, años de entrega a la comisaría y al servicio de las personas, que imaginó que ese final no sería tan doloroso como lo fue. Cuando decidió dejar la agencia en Israel para adentrarse a un trabajo más tranquilo y así cuidar de Nina, nunca caviló que esa vida podría gustarle y que encontraría paz lejos de la guerra con los que la agencia consideraba escorias para la sociedad, pero que ansiaban tener una doceava parte del dinero de sus cuentas. Lenin adquirió ese poder en la comisaría cuando el antiguo sheriff la dejó. Y como cualquier persona, tuvo problemas con sus subordinados y el peso de

