Los planes de Adkik continuaban vigentes aun cuando sus hermanos se oponían a dejarlo solo con el mandato de la mafia roja. Para Adkik no era complicado quedarse rigiendo solo, mientras sus hombres continuaran tan leales a él como desde que comenzaron los asesinatos contra los sobaki que querían desertar. Una vez que la depuración masiva terminó, Adkik estuvo completamente seguro de sus perros, así como su lealtad. Le importaba mierda que lo llamara Volk por ser sanguinario. Desde que él tomó la batuta, la mafia no hizo más que crecer. Sus hombres eran más fieles que los de Levka, pero era debido al temor que sentían por él, porque los degollaría o destriparía como un pescado si sus vigilantes los encontraban murmurando en contra de Adkik. Su tiranía les impedía siquiera pensar en irse.

