El comisionado Lenin Glover, m*****o destacado de la policía de Toronto Canadá, desde el año ochenta y ocho, se encontraba ojeando el expediente de uno de los hombres apresados esa misma mañana por asesinato en primer grado. El hombre era delgado, encorvado por su altura y con quince tatuajes visibles en sus brazos y cuello. Tenía apenas treinta años y sería enjuiciado por violación a una niña de doce a las afueras de una escuela pública dos días atrás, luego de perseguirla por más de cinco manzanas, violarla porque le recordaba sus traumas infantiles y finalmente matarla asfixiándola con sus enormes manos tatuadas. El hombre no dijo una palabra en todo el camino hasta la comisaría. No se declaró culpable ni inocente. No le importaba ir a la cárcel. Quería olvidar lo que su tío le hizo c

