Así como los atentados sucedieron en Rusia, también llegaron a la puerta de Haydar Koç en Turquía. Lo que el hombre imaginó que era su lugar seguro, su refugio donde solo la tecnología y la mente maestra de Grisa llegarían, la agencia lo encontró solo con un escaneo intensivo del lugar que deseaban encontrar. Esa noche, cuatro hombres armados dispararon a quemarropa a la casa de Haydar. El hombre se arrojó de la cama como un lince y corrió entre los disparos a la habitación de la mujer. Aunque Arinka no terminaba de agradarle del todo, su deber era protegerla. Grisa le dejó esa única instrucción, además de entreverle que la agencia la querría para fines destructivos hacia los malditos rusos. Los vidrios se rompían, las mesas se quebraban, el televisor explotó, los cuadros se desplomaron

