Salieron de la suite y tomaron el ascensor. Leonardo había recibido la invitación del almuerzo, a través de un mensaje de texto. —Me gusta ese perfume que llevas— le dijo Leonardo, mirando a su chico. —James lo puso en mi equipaje. Creo que sabe que te gusta— dijo Sam. —Creo que James cambió el perfume de los sumisos. Éste se adhiere muy bien a tu suave piel— le dijo el rubio, dándole un beso en el cuello. Sam sintió una leve cosquilla en su nuca. Llegaron al primer piso, y se dirigieron a la parte posterior del hotel. Donde un lugar al aire libre, los esperaba. La mesa estaba a dispuesta con varias sillas, para los invitados a la reunión de negocios. Varios ya habían llegado. Leonardo los fue saludando. —¿Y quién es este joven muchacho?— preguntó Libertad, mirando al castaño.

