ASTERIA RENDOR GLESH
El tener algo en común con Haku, no era una novedad. Desde que tengo conocimiento y por lo que mi padre cuenta; es una gran persona y no lo dudo, sin embargo, mi abuelo Zeru no está de acuerdo, no porque sea una mala persona, sino más bien, por la grandeza a la que puede llegar. Siempre me han contado que su padre Santher Alarcón era un genio cuando tenía su edad y es un genio aún, pero Haku lo a arrevesado a comparación de cuando Santher tenía esa edad, pero este nunca a expresado aquello ante mí, no obstante, mi abuelo no puede evitar querer retener su crecimiento, ya que él puede ser quien en un futuro si se lo propone me despoje mi joyero. Es una amenaza eminente, más no quiero considerarlo así.
—Vamos Aste, hay que robar dulces de la cocina. —Dijo mientras se levantaba del sofa y me arrastraba consigo.
Haku me ofreció la mano rápidamente para que fuese tomada, sentí tanta delicadeza de su parte, que me preocupaba el hecho de que este acto podría ser un engaño, mi abuelo sembró tantas dudas en mí, que causo tanta incertidumbre cada que pienso en mi amigo. Me hace dudar por segundos, sin embargo, el sentimiento que comparte conmigo inunda toda duda existente por mi mente ahora. Una vez tomados de las manos nos escabullimos a su cocina, la cual estaba solitaria y lista para ser saqueada por nosotros.
—Sí que tenemos suerte —dijo Haku emocionado mientras abría el refrigerador—, hay chocolates, pastel, nieve, cóctel de fruta, fresas con chocolate, malvaviscos rellenos de mermelada y malteadas de frutos rojos, ¿qué quieres? —Este volvió a verme mientras no podía ocultar mi cara estupefacta, así que no menciono nada, no logro emitir una reacción o sonido o formular bien una palabra.
Decido concentrarme, callar mi emoción, ignorar lo grato del momento. Siempre he tenido esto claro y es que, no puedo revelar todo de mí y dejar que él lo lea con facilidad. Soy una Rendor y el Stone, me lo repito constantemente, somos niños, sin embargo, mental mente no. Él sera mi joya y yo su dueña. No puedo asombrarme por niñerías así, no puedo pedir demasiado, conociendo que tengo límites para lo quiero, tengo y me dan.
—Quiero la malteada con los malvaviscos. —Contesto con una enorme sonrisa y serenidad, calmando los actos de mi edad.
—Excelente, buena elección —Haku se río y prosiguió—, bien vamos a mi habitación antes de que descubran que estamos asaltando el refrigerador.
Él procede a darme el domo cuadrado pequeño de los malvaviscos rellenos mientras que Haku tomaba las malteadas de frutos rojos, saliendo el primero para que pudiera seguirlo, de esa manera salimos rápidamente de la cocina, mirando a todas direcciones para ver que nadie se encontrará cerca y nos atraparan. Haku iba subiendo las escaleras tan rápido que me era difícil seguir el paso, así que inevitablemente tome de la parte posterior de su playera negra, sujetándome de él para apoyare y mantenerlo a mi ritmo. Haku lo noto de inmediato, no era tonto, así que siguió subiendo acoplándose a mi paso hasta llegar a su habitación, este se detuvo y espero a un lado de la muerta para que pudiera entrar primero.
—Wooaw —mencione atónita—, son muchos tonos grises y tienes un gran tablero n***o.
—Si quieres puedes dibujar en el tablero. —Ofreció Haku dándome en la mano unos gises blancos—, pero antes de eso, hay que comer estas delicias, me quedé con un poco de hambre después de la comida.
—Si que ere un glotón. —Conteste a modo de burla mientras habría el domo.
—Ten, tu malteada.
—Grawciaws. —Respondí mientras tenía la boca llena de malvaviscos.
—Te vas a ahogar tontita.
Lo observe y trague lo que tenía en la boca, sin poder sostenerlo suelto un puchero, que por su reacción deduzco que me hizo ver tierna.
—No me digas así, no me habías dicho que me llamarías Aste.
—Okay, okay, Aste te manchaste de mermelada en la cara. —Señalo mi mancha.
Tontamente avergonzada me sonrojo, así que Haku saca una servilleta de sus bolsillos y me limpia.
—Veamos, parece que comes dulces muy seguido. —Soltó con ironía.
—Casi no —Mencione—, es muy rara la ocasión en la que coma una golosina, mis padres no mandan a comprar muy seguido.
—Mmm es raro, aunque parece que cuidan mucho tu salud, después de todo tu —Haku se detiene, después da un sorbo a la malteada y prosigue— Sabes eres muy distinta a cuando hablas con Daren y conmigo.
Este cambio de tema y añadió otro, se arrepintió de su último comentario al razonarlo, parecía ¿celoso?, pero cuando quería arreglarlo y cambiarlo por otro comentario, no obstante, antes de que se me escapara, lo interrogue.
—Me parece que no terminaste de formular tu primer comentario y además el último ¿por qué lo dices? ¿te molesta?
—Error mío, quise evitar mencionar que eras una heredera de algo que muchos quieren. —Guardo silenció— Sé que no eres tonta, se perfectamente que tienes conocimiento de lo que posees.
—No sé de que —Interrumpe.
—No tienes por qué fingir conmigo ignorancia de tu poder, te conozco Aste, más de lo que pudieras creer, después de todo terminare siendo de tu pertenencia, algo que puedes domar, es que tu abuelo no te lo ha dicho, la posible amenaza que soy y lo impredecible que puedo ser.
—¿Cómo es que sabes tanto?
—No quiero hablar de eso. —Me observa fijo— Solo quiero que entiendas que jamás te traicionaré, a ti u a tu familia. Después de todo, los Stone no mordemos la mano de quien nos da de comer.
—Haku...
—Aste, lo he notado. —Este sin más me responde con franqueza—, no porque te lleve cuatro años significa que no podamos llevarnos y hablar bien. Así que no hagas eso, no diferencies el trato entre Daren y en mí. No quiero que pienses que tienes uno especial, detesto eso.
—No es eso.
— ¿Entonces? ¿qué es? ¿a qué se debe esa diferencia de trato? —pregunto Haku un tanto indignado, pero ya estaba pareciéndose interrogatorio a lo que calla.
—Es sólo que Daren es casi de mi edad, me siento cómoda con él, estamos cursando ambos primaria, con la diferencia de que estoy en primer grado y él en segundo, y tú ya vas a cursar la secundaria pronto, no crees que es raro que convivas con una niña de ocho años.
—La verdad no. Eres como una hermanita pequeña para mí, —Se ríe, pero él sabía perfectamente que se engañaba, su trato hacía mí era al de una amiga..
—No eres mi hermano. —Renegue con la cabeza, no estaba de acuerdo con lo que decía.
— ¿Crees eso? —Haku dejo escapar un pequeño suspiro de alivio, luego de nuevo se arrepintió, entonces continuó—, sabes a veces quisiera tener la edad de ustedes dos, se ve que se divierten mucho, a tu edad sólo los cuidaba, tú tenías cuatro y Daren cinco, créeme hubiera sido divertido si los tres hubiéramos coincidido e interactuado con esas edades.
—No lo había pensado de esa manera
.
—Lo sé —Respondió Haku levantándose de la cama, tomando un gis para dibujar en el tablero—, también quiero divertirme con ustedes. —Dijo este con sinceridad mientras empezaba a garabatear algo en el tablero y luego deja el gis en una repisa—, pero vamos, acábate eso, te quiero mostrar mi lugar favorito.
Terminé la malteada y me levanté de la cama yendo directamente a Haku, mirando lo que había dibujado, pues era una luna menguante acompañada de una estrella, entonces recordé aquella historia que mi padre me había contado y dejé salir un murmullo.
—¿Tú sabes?
— ¿Qué? —Pregunto Haku desconcertado— ¿no te escuche bien?
—La historia de la luna y la estrella.
—¿El mito? —Asiento— Sí, tu padre me lo contó y me llevó junto contigo en una ocasión, tal vez no lo recuerdes.
—¿Enserio?
—Eras más pequeña y estabas obsesionada conmigo, no me soltabas y tampoco me dejabas ir, ese día estaba el cielo nocturno y me hiciste escoger una estrella junto contigo, ni siquiera podías formular bien las palabras —se ríe—, solo con señas me hiciste entender lo que querías, querías tu estrella y yo en ese momento quería darte todo lo que quisieras, incluso seguí al pie de la letra lo de ese mito, por ti Aste.