Capítulo doce: La oveja negra Kate parlotea sin parar y yo asiento a todo lo que dice, como si la entendiese a la perfección y estuviese de acuerdo con ella. Esta mañana me la encontré parada frente a mi puerta con los brazos en jarras y me arrastró hacia su coche para tomar un rumbo desconocido. Esta vez si que no pude librarme. As[i que ahora estoy aquí, en el lugar al que solía venir con Oliver, mordisqueando una galleta con chispas de chocolate para mantener la boca ocupada y no tener que hablar. —Te juro que a veces no entiendo a Oliver —se lleva las manos a la cabeza de forma dramática. Mi hermana es la reina del drama y la tragedia. Esa es una de las razones por las cuales tiene cada aspecto de su vida fríamente calculado—. Está silencioso, pensativo..., raro. Su actitud me está

