1. CORAZÓN ROTO

3151 Words
Capítulo uno: Corazón roto Doy un sorbo a mi copa de vino y me tomo mi tiempo deleitando el sabor. Luego, le ofrezco una suspicaz sonrisa y proceso a realizar mi jugada—. Verá, señor Hunt; no negaré que tenerle a usted como cliente supone un gran crecimiento para el bufete. Sin embargo, no he venido a convencerle y mucho menos a rogarle que firme con nosotros —el sujeto enarca una ceja y me escruta con la mirada al mismo tiempo—. Si ha tomado su decisión, adelante. West y Asociados es una buena firma; aunque Saunders&Maxwell es mejor. ¿Sabe que en el último año nos hemos hecho con la mitad de sus clientes? Y puedo asegurarle que no ha sido por robo. —Tengo entendido que el señor Saunders trabajaba para ellos —interviene mi potencial cliente. —Así es —confirmo—. Y cuando decidió independizarse, sus clientes fieles decidieron seguirle. El señor Saunders es muy bueno en lo que hace. —¿Qué hay de usted? —Inquiere. —Hago lo que puedo —ladeo la cabeza sin abandonar mi sonrisa—. El punto es que está metido en un serio problema y necesita actuar con rapidez y cautela. El hombre da un trago a su vino y suspira—. ¿Realmente cree que puedo perder mi empresa? —la preocupación en su expresión es evidente. —Con un buen asesoramiento, no —señalo. —¿Y usted cree poder brindármelo? —No le voy a mentir, señor Hunt; el caso es complicado —admito—. Desafortunadamente, no constamos con algún respaldo legal a parte de su testimonio. Es su palabra contra la de su esposa. Tendremos que buscar evidencias por nuestros propios medios y trazar una muy buena estrategia…, pero mi socio y yo estamos dispuestos a asumir el reto. ¿Qué hay de usted? Allan Hunt vuelve a suspirar. Puedo notar que no lo está pasando bien. ¿Quién lo diría? El famoso dueño de la Naviera más grande de Estados Unidos, arruinado por su exmujer. —Me tomaré la libertad de darle un consejo, señorita Maxwell y espero que no lo rechace; tenga cuidado en quién deposite su confianza. Lamentablemente, nunca terminamos de conocer a las personas. Me agrada, señorita Maxwell y me ha convencido. Mi diosa interna grita de euforia y aplaude al mismo tiempo, mientras intenta permanecer quieto en su asiento y no unirse a la fiesta. —Le puedo asegurar que haré todo lo posible por que salga airoso de esta situación. Usted también me agrada. El hombre emite la primera sonrisa desde que nos conocimos esta mañana—. Es bueno saberlo. ¿Dónde debo firmar? Momentos como estos me hacen reafirma que tomé la decisión correcta hace seis años. *** —Dime que lo conseguiste —Fabiola apenas me deja colgar el abrigo y adentrarme en la oficina. —Sí, Fabiola. Ahora puedes explayarte con tu habitual entusiasmo —ella ignora mi sarcasmo y comienza saltar de un lado a otro sin dejar de repetir frases como «Eres la mejor», «Chúpate esa, West», o «Somos la bomba». Muy típico de Fabiola Taylor. —¿Qué sucede? —Oliver se asoma en la puerta de mi oficina con gesto alarmado. —¡Lo hemos conseguido! —mi asistente responde por mí—. Es decir, Lysa lo ha conseguido. —¿Hunt firmó? —Pregunta él y yo asiento. Seguidamente, me regala una de sus hermosas sonrisas, que podría calentarte el alma en la noche más fría de invierno—. Sabía que podías —no duda en acercarse y besar mi mejilla. «¿Cómo no voy a amar a este hombre?» —Pues sí —repongo—. Como es habitual, confías más en mí que yo misma. —De nada, colega —añade sin perder la sonrisa—. Enhorabuena. —Tú eres bueno en casos perdidos y yo en clientes imposibles; hacemos un buen equipo. —El mejor. —Esto hay que celebrarlo —anuncia Fabiola. Minutos después, Oliver llama a su asistente, Gabriela y juntos descorchamos una botella de Champán. Mi mejor amiga y secretaria se acerca a mí con sigilo para murmurar—: ¿Se lo dirás esta noche? Engullo mi copa de un sorbo y absorbo una gran bocanada de aire. Luego exhalo y respondo decidida—: Sí. Sucederá esta noche, Fabiola —creo que el comentario va más para mí misma que para ella. —Ya era hora —automáticamente, me giro para mirar con reproche—. ¿Qué? No me mires así, llevas coladita por él veinte años y oye, tienes veinticuatro. Voy a replicar, pero luego me doy cuenta de que tiene toda la razón. Muchas veces intenté convencerme de que era solo un tonto enamoramiento infantil. Sin embargo, con el paso del tiempo y a pesar de nuestra próspera amistad, los sentimientos no han hecho más que crecer. Puede ser que Oliver no me corresponda, pero no puedo seguir ignorando lo que siento; he llegado a un punto donde la frustración me consume y quiero explotar. Sí, definitivamente ha llegado la hora. —¿Qué sería de mí sin ti, Fabiola Taylor? —cuestiono abrazándola—. Me salvas la vida tanto en el trabajo como en casa. —Yo me pregunto lo mismo cada día —me sigue el juego y lo mejora—. Solo agradece que sea tu secretaria y tu vecina. —Créeme, lo hago. —Colega caliente a la vista —anuncia—. Aprovecha que está solo. Hago caso a su consejo y me dirijo hacia él con una sonrisa en mis labios. Oliver y yo siempre usamos la palabra «colega—para dirigirnos al otro y entonces, mi amiga lo bautizó como «colega caliente—cuando ambas cumplimos quince. Los padres de Fabiola trabajan en casa de mis padres desde que tengo uso de razón, ella y yo nos criamos juntas. Tenemos la misma edad y fuimos a los mismos colegios de pequeñas. Al cumplir dieciocho decidí estudiar Derecho, mientras ella solo pasó un curso de Secretaría y asesoría administrativa. Siempre dijo que la universidad no se hizo para ella y hoy en día mantiene el mismo criterio. —Tengo a la mejor socia del mundo —alega Oliver frente a mí. —No lo creo, pero por hoy te dejaré hacerme cumplidos. —¿Estamos de buenas hoy? —inquiere. —Bueno, podría decirse que sí —inhalo y exhalo, nerviosa por mis siguientes palabras—. Necesito hablar contigo… —De hecho —me corta, algo muy impropio de él—, también tengo algo importante que decirte. —¿En serio? —él asiente con demasiada seriedad. «¿Podría ser que…?» —Es muy importante, Lysa y realmente espero que te sientas igual de feliz que yo. «¡Oh, Dios mío!», como sea lo que me estoy imaginando me da un patatús en el acto. —¿Nos vemos en Fifty’sa las cuatro? —Propongo, pero inmediatamente niega. —Debo decirlo delante de todos —argumenta—. Nuestras madres han organizado una cena improvisada con nuestras familias en casa de tus padres. —¿Por qué no sabía nada de esto? —indago cada vez más perturbada. —Como he dicho, ha sido improvisado. La familia debe saberlo, Lysa. Juro que me muero. Mi cara debe ser todo un poema. —Además —continúa sus explicaciones, sin saber que apenas puedo escucharle—, Kate ha dicho que… —¿Mi hermana lo sabe? —pregunto y él asiente en el acto. Ahora si tengo que sentarme o me desplomaría en el suelo y pasaría la vergüenza de mi vida—. ¿Qué quieres decirme, Oliver? —Te lo diré en la cena. —¿Piensas matarme? —cuestiono y él le hace gracia mi actitud. —A esto se refería tu hermana, eres demasiado impaciente. —¿No puedes decírmelo ahora? —insisto y él vuelve a negar. —Tendrás que esperar a las ocho, colega. —Pues se me hará eterno —resoplo exasperada. —Afortunadamente, con el trabajo que tenemos el tiempo se te pasará volando. Debemos terminar de armar el caso Peter Wood, comenzar con el de Allan Hunt y a las dos tenemos el almuerzo con Lisa Hunter. —Día movidito —el mismo cuento de todos los días. Agradezco que a Oliver y a mí nos vaya tan bien con el bufete. Al principio no estaba muy convencida, me había acabado de graduar la situación con mis padres era demasiado tensa. En el segundo semestre de la carrera busqué un trabajo de medio tiempo como becaria y decidí independizarme. Sabía que ni Moira ni Duncanmond Maxwell estaban de acuerdo con mis decisiones, pero esta vez no pusieron objeciones; como los buenos padres que son, me dejaron seguir mi camino. Sé que no tengo el futuro que ellos esperaban para mí; sin embargo, lo han aceptado y soy consciente de que sienten orgullo de cada uno de mis logros. Mis padres se criaron de una forma diferente a como lo hicieron con Kate y conmigo. No ven el mundo de la misma forma y para ellos el imperio Maxwell’s es más que un legado familiar. Por eso no concebían que yo aspirase algo diferente, no lo entendían. A ciencia cierta, yo tampoco lo entiendo; nací y crecí rodeada de telas, costuras y desfiles… y a pesar de todo, nunca me sentí parte de ese mundo. En fin, Saunders&Maxwell tiene mucho éxito y con solo dos años de fundado, ha dado mucho de que hablar. Con mucho trabajo, hemos logrado hacernos un hueco en el campo de las Leyes. Aun recuerdo aquel artículo del Times: «(…) Los Marshall-Saunders lideran el mundo del espectáculo y los Maxwell la moda. Ha sido apodados por muchos como la Alta Realeza de Seattle. Pues, para «coronar—su estatus, esta vez se han unido con el objetivo de reinar sobre el contradictorio y complicado mundo de las Leyes; y no tengáis dudas, señoras y señores, de que van a por todas (…)» Causó furor y un revuelo tremendo; pero nuestras familias no pudieron sentirse más orgullosas. Con el cuerpo repleto de sentimientos encontrados y muerta de ansiedad, me siento en mi escritorio y comienzo mi labor. Hemos celebrado y tomado champán, pero para seguir cultivando éxitos, debemos trabajar. Llego a casa de mis padres media hora antes de lo estipulado. Me gusta ser puntual y prefiero llegar de primera a las citas o reuniones. —Hola, mamá —deposito un dulce beso en su mejilla—. Abbey, me alegra verte. Últimamente no se os ve el pelo a ninguno de los Saunders. —Es que no paramos, hija —responde la aludida—. Estamos grabando dos películas al mismo tiempo y preparándonos para los Oscars. —Enhorabuena por vuestra nominación —la felicito. Tanto ella como Philip han sido nominados para los premios más importantes del mundo. «¡Madre mía, flipo en colores!», aunque ya debería estar acostumbrada, sigo sorprendiéndome cuando ocurre algo como esto. —Gracias, cielito —deja el bol de la ensalada en la gran mesa del comedor y corre a abrazarme—. Aunque tengo mis dudas sobre el premio. No sé, hay mucho nuevo talento. —¿Otra vez con el rollo de la vejez, mamá? —interviene su hijo—. Ahora te ha dado por eso. ¡Si pareces de veinte! —Gracias, hijo —alega la mujer—. Siempre estáis vosotros para recordármelo. —¡Killian! —exclamo al verte acercase a mí—. ¿Cuándo has llegado? —Hace unas horas —no duda en abrazarme. El mayor de los hermanos Saunders es muy cariñoso y todo un Don Juan—. ¡Pero si estás cada día más guapa! —Tú no te quedas detrás —rebato—. Tu rostro aparece en todas partes. Realmente le estás haciendo la competencia a Kate. —¿Qué puedo decir? —se encoje de hombros—. Somo los príncipes de la moda. Pero volviendo a ti, estás hecha un bombón, Lysita. Tendré que pelearme con un centenar de tíos para pedirte una cita. —Mantén tus manos alejadas de mi hija, milamores —mi padre aparece en escena, acompañado por Philip, Oliver y mi hermana; y estando todos, nos disponemos a sentarnos. La cena transcurre entre bromas y risas. Los dos familias somos muy unidas y hacemos prácticamente todo juntos. Conocí a los Saunders el día que cumplí cinco años. Abbey fue la imagen de una campaña de Maxwell’s y mi madre la invitó a mi fiesta de cumpleaños junto a su familia. Desde ese momento se unieron para no separarse jamás… y yo quedé prendada de Oliver. Él tenía trece años; me miró con sus grises ojos y su tierna sonrisa, extendió los brazos y me regaló una pequeña caja de música —que aún guardo—; fue amor a primera vista. Yo apenas he probado bocado; me encuentro demasiado ansiosa y como algo seguro vomitaré. Cuando estamos ya vamos por el postre, Oliver carraspea para llamar nuestra atención y se pone de pie—: Os he convocado a esta cena especial porque tengo algo muy importante que comunicaros. «¡Ay, madre, que me da!» Acto seguido, mi hermana se para a su lado. «¿Pero qué haces, Catherine Maxwell? Vuelve a sentarte» —En realidad, Kate y yo tenemos algo muy importante que contaros… Y creo que ya me he perdido. Me pregunto qué se traerán entre manos estos dos. —Nosotros… —Oliver tartamudea y eso me hace arrugar el entrecejo; jamás le he visto así de nervioso—, nosotros… —¡Vamos a casarnos! —mi hermana termina la frase por él. La mesa permanece en silencio total. «¿Casarse?» «¿De qué hablan?» Minutos después, los presentes comienzan a reaccionar. Unos sonríen, otros aplauden, las mujeres atacan a preguntas como si estuviesen en un ring de boxeo; y yo… simplemente me quedo en mi sitio, contemplando la escena como si de una mala película se tratase. Les observo darse un tierno beso en la boca y la realidad me golpea como un balde de agua fría con cubitos de hielo y todo. «Están juntos…» «Mi hermana y Oliver, Oliver y mi hermana…» «Están juntos… y van a casarse» —¿Lysa? —el llamado me hace enfrentar la cruda realidad. «¡Dios, esto está sucediendo realmente!» —Hermanita —Kate hace uso de su habitual humor—, no me digas que el gato te ha comido la lengua. No puedo evitar observar a cada uno de los presentes, tomándome mi tiempo. Todos esperan por mi reacción. Me detengo varios minutos en Oliver y su expresión me mata. «¿Qué se supone que debo decir?» «¿Cómo puedo enfrentar esto?» —¿Lysa? —mi familia insiste en hacerme hablar. Trago saliva una y otra vez, pero por mucho que repito la acción, continúo hipersecretando—. Yo… —la voz me tiembla y debo carraspear para volver a empezar—. Yo… El abrupto sonido de Toxic de Britney Spears interrumpe mi tartamudeo. Rápidamente busco en mi bolso el móvil. El nombre de mi mejor amiga parpadea en la pantalla. «Salvada por la campana» Sin pensarlo dos veces, descuelgo el celular ante la atenta mirada de los presentes. —Fabiola, ¿sucede algo? —Eso mismo pregunto yo —responde—. ¿Qué sucedió? ¿Ya le contaste? La ansiedad me está matando. —¿Me estás hablando en serio? —cuestiono alarmada. —Por supuesto, habla, Maxwell. —¿Y es muy grave? —continúo con mi tono de preocupación. —¿De qué me hablas? —¿Estás en casa? —continúo con mi sarta de preguntas. Evidentemente, mi amiga no entiende una palabra de lo que digo. —¿Me puedes explicar que está sucediendo? —replica mosqueada. No es para menos—. ¿O simplemente se te ha ido la olla? —Dime dónde estás, Fabiola —ordeno. —En mi casa, ¿dónde más? Ah… ya entiendo —reflexiona—. Me estás utilizando de comodín, ¿cierto? ¿Tan mal fue? —No te muevas de ahí, ¿vale? —pido como si mi amiga estuviera a punto de cortarse las venas. Tal vez no hubiera dado mucho como modelo, pero como actriz no tendría precio—. Voy directamente para allá. —Vale, aquí te espero. Tienes mucho que explicarme, Maxwell. No digo nada más; cuelgo y me apresuro en recoger mi bolso para marcharme. Necesito salir de aquí. Creo que aun estoy en shock. —Lo siento —digo besando la mejilla de cada uno a modo de despedida, excepto a Oliver y Kate, no puedo ni mirarles a la cara—. Urgencia domiciliaria. Debo irme. —¿Es grave? —cuestiona mi madre. —Espero que no —contesto—. Al parecer, el edificio ha sido invadido por algún tipo de plaga. Fabiola no supo explicarme bien. Y el premio a la mejor inventora es para… Melysa Maxwell. Realmente no sé de dónde saco tanta imaginación. Quizá debería dedicarme a escribir novelas. —Te acompaño —sugiere Killian. —¡No! —le detengo abruptamente y todos se quedan paralizados ante mi repentina actitud—. No creo que sea necesario. Ya se están ocupando de ello. —Está bien —Killian alza los brazos en señal de rendición. —Cualquier cosa nos avisas, cariño —alega mi madre, dándome un exagerado abrazo—. Si la situación se complica, puedes venir a dormir aquí con Fabiola. —Vale, mamá. —O podéis venir a mi departamento —sugiere el mayor de los hermanos Saunders con un gesto picaresco. Algo me dice que no ha comprado mi idea de la inundación de plagas—. Os puedo asegurar que hay espacio más que suficiente. —Lo tendré en cuenta —son mis últimas palabras. Con demasiada premura me dirijo hacia la salida. —¡Lysa! —la voz imperativa de mi hermana me detiene a medio camino—. ¿No piensas decir nada? Contemplo la nueva pareja, al menos para mí. Kate se apoya en su pecho mientras Oliver la cubre desde atrás. «¿Cómo no lo vi antes?» Siento mi lengua entumecida y comienzo a librar una batalla con el objetivo de dejar salir las palabras. —Enhorabuena —finalmente me sale una felicitación no muy convincente y demasiado escueta; pero no puedo hacer nada más, de verdad no puedo. Salgo corriendo del lugar que me vio crecer sin mirar hacia atrás, como si mi vida dependiera de ello.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD