Capítulo veinticuatro: El único en tu vida Intento seguirle el paso a mi mejor amiga; sin embargo, me resulta imposible. Estoy fatigada y demasiado cansada para seguir. —Paremos aquí, Fabiola —pido sin aliento—. No puedo más. —¿He oído bien? —inquiere, aunque hace de buena samaritana y detiene la carrera. En mala hora decidí correr al aire libre—. ¿Melysa adicta a los ejercicios Maxwell quiere parar? Estás de ingreso, amiga. Me siento en una banca frente al puerto. Son casi las siete de la mañana y el ferry se encuentra a punto de zarpar. Bebo de mi botella de agua mientras mi amiga se sienta a mi lado. —Supongo que las malas noches comienzan a pasar factura —proclamo —. Mi madre no ha contado nada. —Te dije que no lo haría —insinúa ella—. Conozco a Moira Maxwell y le tengo mucho c

