Helena’s POV
—Oye tú, ¿olvidaste que hoy era tu primer día de trabajo? —preguntó mamá al verme regresar pasadas las dos de la tarde, pero me encontraba de un genio terrible, tanto que pudo notarlo apenas me vio.
—No, no se me olvidó. Vengo de la empresa, me echaron —dije, pero ni bien había terminado de decir esa frase, mamá me dio tremenda cachetada que por poco me hace caer. La verdad sus golpes no me afectan en nada, estoy básicamente acostumbrada a su modo horrible de tratarme, por eso a veces trato de bromear al respecto, porque con martirizarme al respecto no ganaría nada.
—¿Cómo que te echaron? ¿qué hiciste sin vergüenza? —gritó y por el tono fuerte de su voz todos en casa escucharon. Papá se acercó con su silla de ruedas y mi hermana que creo que había venido almorzar, apareció corriendo con el plato de comida en su mano.
—Nada, pero me va a vincular a otra empresa, así que no pasa nada. Camila, necesito hablar contigo —le dije y jalé su brazo para no seguir con este interrogatorio en la sala, no podía contarle lo que sucedió delante de mis padres, sería incómodo y además, estoy confundida.
Entramos a mi habitación y cerré la puerta.
—¿Qué pasó? —preguntó alterada y vi que dejó el plato en la mesita.
—Es que… me avergüenza un poco de decir, pero… te juro que yo no tuve nada que ver, no sé por qué él hizo eso.
—¿De qué hablas? —preguntó confundida.
—Mi jefe, el jefe que solía ser de papá… me besó.
—¿Qué? —chilló y le hice señas de que bajara la voz.
—Es que todo pasó muy rápido. Entré a su oficina y cuando me vio, se quedó anonadado, me miraba como si fuera un fantasma y… luego se acercó a mí, se asombró al verme, dijo que nunca me olvidaría y… cuando menos lo esperaba, tomó mi rostro y me besó, pero… yo entré en pánico, hui, hice un desastre en su oficina y al final, él me hizo unas preguntas, me dijo que yo era totalmente igual a una novia que tuvo, la mamá de sus hijos e incluso ella se llamaba como yo, tenía mi edad.
—¿Tenía?
—Sí, la mataron. Creyó con toda certeza que yo era ella.
—Oh…
—Pero luego de mucho cuando por fin aceptó que se había equivocado, fue grosero conmigo, me echó de su oficina y dijo que me recomendaría en otra empresa. Entonces ahora… estoy confundida, no sé si hizo eso adrede, si su historia era mentira solo para besarme.
—Mmm, es arriesgado que un tipo como él se arriesgue de esa manera. Sé quién es, lo vi alguna vez con papá y… vamos, un tipo como él tendría a cualquier mujer a su merced.
—Sí, eso pensé, es deslumbrante, pero… estoy confundida en si creerle o no —le dije y Camila me miró frunciendo el ceño.
—Sí, puede estar mintiendo y ser un pervertido, que esté bueno no quita que pueda serlo, pero… en su expresión, ¿parecía que mentía?
—Mmm, no… es que incluso lo vi llorar, no era una farsa, su rostro se enrojeció y tenía lágrimas en los ojos, parecía realmente impactado al verme y las palabras que me dijo… fue todo tan extraño.
—No puedo creer que alguien como él haya llorado —dijo y asentí, no lo conozco, pero sé que tiene esa fama, lo sé de antemano por su propio hijo y secretaria—. ¿Y… qué te dijo?
—Dijo que… nunca olvidaría mi voz, mi cabello, mi olor y… “mi carita preciosa”…
—Mmm, bueno bien. Tenemos que indagar, hay que averiguar quién demonios es su ex novia, si es real que existió y la mataron, pero más que todo habría que ver su rostro. Esto suena a una patraña, pero si lloró genuinamente… es que no tendría por qué actuar o decirte una historia como esa si quisiera tenerte. Podría conquistarte y bien fácil lo haría, es que está demasiado bueno, solo me sonríe y ya le doy cinco hijos —bromeó y chasqueé la lengua.
—¡No! no me gustan los pervertidos y menos tan mayores como él. Tiene más de 30 y su hijo es mi jefe. Por cierto, también ocurrió algo extraño al ver a su hijo.
—No me digas que también te besó.
—¡No! pero… también me miró extraño, pero fue diferente. Parecía recordarme de algo y… también me dio esa sensación. Parece que lo hubiese visto muchas veces antes, pero él no se acercó a mí de ninguna otra manera. Fue formal y muy amable, pero bueno, supongo ya no será mi jefe.
—Bueno, como me encanta acosar, voy a empezar a indagar en el pasado de este hombre, no voy a querer que ande besando y queriendo embaucar a mi hermana menor. Hablaré con papá y le sacaré toda la información posible.
—Oye, gracias…
—Bueno, me voy porque ya entro a mi turno en diez minutos. Correré —dijo y la vi despedirse, se fue literalmente corriendo.
Esa tarde no hice mucho más, solo adelanté unas tareas de la escuela, pero… estuve pensativa, dándole vueltas una y otra vez a lo mismo en mi cabeza. Recuerdo su expresión, la forma en que lloró al verme, es que… parecía ilusionado, con esperanzas y yo… no sé ni qué pensar. Es desafortunado que me parezca a esa mujer, pero bueno, lógicamente no soy ella, no sé ni cómo pudo considerar algo así. Ah y eso no es lo peor, es que… yo no había dado mi primer beso y ahora… fue con él, con ese desconocido que no sé si planea estafarme.
El enojo que sentía se me esfumó esa tarde porque… creo que lo entiendo. Si lo que dice llega a ser cierto, es lógico que le afecte el ver a alguien que le importó mucho en su vida, tanto que años después le sigue doliendo tanto al punto de llegar a las lágrimas y… lo del beso… no sé si lo haya hecho con mala intención, pudo hacerlo al creer genuinamente que era ella y bueno, no puedo culpar a alguien por reaccionar de una forma tan emocional. Ojalá no hayas mentido porque si mentiste y montaste ese teatro con fines sexuales, sería demasiado bajo para alguien como tú.
Al día siguiente fui como cualquier día a la escuela. Tengo notas bastante buenas, pero me suele ir mal en convivencia porque hay ciertas clases que no tolero y debo saltármelas, como física, ética o arte, es que si enseñaran realmente arte lo toleraría, pero la profesora no hace más que ponernos a pintar con unas pinturas que huelen horrible, como a perro en descomposición y hoy no fue la excepción, por lo cual me salté las clases de las últimas horas y aproveché un descuido del portero para irme. Quería ir a la casa temprano a ver si alcanzaba a ver una telenovela coreana que nunca me pierdo.
Caminaba tranquilamente y sola, porque lógicamente los demás seguían en clases, pero… a solo metros de la escuela, vi una camioneta negra estacionada con tres hombres afuera. Dos eran desconocidos y el que estaba en medio, maldición… entonces sí era una farsa, sí eres un pervertido porque no hay otra razón por la que estés aquí. Ni bien Sebastián me vio, me eché a correr porque pude presentirlo, quería raptarme y no me equivoqué. No alcancé a correr mucho, tal vez solo media cuadra cuando sus hombres me detuvieron agarrándome de los brazos.
—¡Suéltenme! ¡los voy a demandar! —grité y vi al rubio detenerse frente a mí y frunció el ceño al escucharme.
—¿Me vas a demandar?
—¡Sí! te voy a poner 40 demandas, no solo por rapto, si no por pervertido, acosador y daños físicos, morales y a mi integridad. Es más, ¡te voy a poner 50 demandas! —grité y por algún motivo, el pervertido rompió en risas. Reía tanto que parecía que pudiera ahogarse.
—A ver, ¿y yo para qué querría secuestrar a una chica tan gritona como tú? Casi me dejas sordo —dijo y los hombres me soltaron. Los fulminé con la mirada.
—¿Y entonces? ¿por qué estás afuera de mi escuela? ¿para que haces que estos me sujeten? Se nota que eres un secuestrador.
—Oye, ¿por qué me tuteas? Soy mayor que tú y segundo, soy tu jefe.
—¿Mayor que yo? ¿eso te importó para besarme sin mi consentimiento? —me quejé y lo noté incómodo ante que sus hombres me oyeran, pero no me importaba, no es como que estuviese mintiendo—. Además, ya no eres mi jefe, me echaste sin siquiera firmar y con ese beso ya no te puedo tutear.
—Mmm, por eso vine a verte. Para que no pienses mal, solo me bastó con llamar a tu papá porque sabes que es mi amigo, me dijo donde estudiabas. ¿Podemos hablar un rato?
—Ya estás hablando —le dije y me fulminó con la mirada.
—Pero en otro lugar, no aquí frente a tu escuela. Por la hora presumo que te fugaste y no creo que quieras que te descubran en tus fechorías —dijo y me lo pensé mejor, creo que tenía razón.
—Mmm, bueno, pero ¿dónde?
—¿Ya comiste? Puedo llevarte a comer algo en señal de disculpa —dijo y me lo pensé unos segundos.
—Pero… nada me garantiza que si me subo a tu auto no me secuestres —le dije y de nuevo, rompió en risas.
—En verdad no cambias —dijo y fruncí el ceño, confundida.
—¿Por qué?
—Perdón, olvida eso y con respecto a lo que dijiste, tranquila. Tu papá sabe que estoy aquí, que vine a hablar contigo.
—Mmm.
—Oye, llámalo si no me crees, pero ya deja de llamarme secuestrador, pervertido o esas cosas —se quejó y chasqueé la lengua.
—Bien, te daré el beneficio de la duda —le dije con una sonrisa, pero frunció el ceño al verme sonreír. Creo que tal vez tu problema podría ser algo de salud mental, ¿será que tienes algún retraso cognitivo? ¿esquizofrenia y por eso inventas cosas? ¿bipolaridad? Eso explicaría que pases de estar sonriente a la expresión que tienes ahora, como de mal humor al verme.