Mi semana no iba de lo mejor, el cambio de humor de mi jefe duro exactamente cinco horas, para el siguiente día era el mismo que conocí hace un año en la entrevista, con unos icebergs en los ojos que solo lanzaban miradas frías, quizá deberia haber aprovechado ese momento para pedir que se publicará mi libro o un aumento de sueldo, ahora las posibilidades de comunicarme con el eran nulas, estaba tan cerrado y habían tirado la llave de ese candado hace mucho tiempo. — Señorita Rodríguez, llame a Jake, necesito que recoja un paquete. — Ordenó por el intercomunicador sin ninguna palabra adornando la frase como un por favor o gracias. — Si, señor. No hacían falta las formalidades para comunicarme con Jake, no era necesario llamar a su departamento y explicarles toda la situación para que l

