ENTREVISTA DE TRABAJO

1146 Words
No tenía ni 24 horas de haber llegado y ya tenía una entrevista de trabajo, me asegure de programarla antes de salir de españa, mis ahorros no durarán para siempre, así que conseguir trabajo es el punto número uno en mi lista de prioridades. Usando un hermoso traje de dos piezas color azul marino y una blusa blanca de satín, unos tacones de los que probablemente me arrepentiré más tarde y mi mejor bolso, estaba lista para salir de mi apartamento rumbo a perseguir mi sueño. Por consejo de Harold que tuvo la amabilidad de escucharme el día anterior, estoy saliendo dos horas antes de la hora programada, según parece el tráfico puede ponerse un poco pesado por las mañanas. No conozco el camino hasta el lugar de mi entrevista, así que mi única opción es tomar nuevamente un taxi, con la esperanza de no quedar en banca rota en mi segundo día en Nueva York y llegar a tiempo a la entrevista. Con una hora de sobra llegué al edificio dónde tengo la entrevista,( probablemente tenga que usar collarín más tarde, llegar a tiempo me costó un dolor de cuello por las maniobras del chófer)es una de las editoriales más famosas, ha publicado muchos de los libros mas exitosos y aunque el puesto es para asistente del director y no para editora lo cual me gustaría no me puedo quejar. Lo primero que veo al entrar es un gran escritorio en forma de media luna con una hermosa joven detrás de el, es pelirroja, de piel blanca y una sonrisa enorme, sin duda atrae toda tu atención al entrar. — Hola buenos días, soy Alessandra Rodríguez, tengo una entrevista a las 9:00am. — Hola, las entrevistas son en el último piso, al fondo a la izquierda, en la puerta doble. — Responde con una sonrisa contagiosa, puedo ver en la pequeña placa que lleva sobre su ropa que se llama Marion. Me entrega un gafete y prosigo a seguir las indicaciones que me dió. Las puertas del ascensor se abren y tal como me indico giro a la izquierda y antes de que logré llegar a la puerta donde se supone sería mi entrevista me topo con una larga fila de mujeres, sin poder evitarlo clavo mi mirada en la vestimenta de cada una de ellas, llevan vestidos ajustados y tacones de por lo menos quince centímetros de altura, faldas apenas lo suficientemente largas para tapar sus traseros y blusas que apenas lograr cubrir lo suficiente sus pechos para no mostrar su pezones, rubias, pelirrojas, morenas, mujeres que sin duda podrían estar compitiendo por un puesto de modelo, lo que me hace dudar de haber tomado la dirección indicada. — Disculpa. — Tocó el hombro de la joven frente a mi. — ¿está es la fila para la entrevista por el puesto de asistente? — Pregunto de manera educada. — Puedes salirte de la fila, es obvio que yo me quedaré con el puesto. — Responde moviendo su cabello con petulancia. Aunque bien, no fue la respuesta que esperaba, mi duda quedo resulta, estoy en la fila correcta, más y más mujeres siguen llegando, haciendo la fila cada vez más larga. Las entrevistas duraban realmente poco, cinco o diez minutos cuando mucho. ¿Está llorando? estoy casi segura de haber visto a una o dos chicas llorando y otras tantas luchando para no arruinar su maquillaje, por suerte yo estoy lista, no hay peor jefe que el que ya tuve, puedo soportar su mal humor por este puesto. Apenas escuché que la rubia despampanante frente a mi menciono mi nombre, me apresure a pararme frente a ella con una sonrisa de dieciocho kilates. por el intercomunicador escucha la voz de un hombre pedirle a la hermosa joven, más bien ordenarle que entrara la siguiente candidata, esa era yo y no lo haría esperar ni un minuto, apenas la lo joven me indico la puerta, me pare frente a ella con seguridad y después de aplacar mis nervios golpee a con los nudillos. — Adelante. — Respondió una voz varonil, la misma que había escuchado por el intercomunicador, pero ahora sonaba diferente, más real. Abrí la puerta y di dos pasos al interior de la enorme y lujosa oficina, cerré la puerta a mi espalda, destras del escritorio de madera, tal vez de caoba o algunas de esas que solo usan los ricos, había un hombre con la vista en unos papeles, con el rostro oculto bajo su cabeza. — Buenos días. — Dije después de aclararme la garganta. Despegó la vista de lo que parecía leer con tanto esmero y por primera vez noto mi presencia, era un hombre de unos treinta y tantos, cabello oscuro perfectamente peinado, una barba insipiente y unos ojos azul que recordaban al mar. Su rostro se endureció apenas me vio ahí de pie junto a la puerta, sin mencionar palabra señalo la silla al otro lado del escritorio, sin titubear un poco avance hasta ahí, el sonido de mis tacones contra el suelo retumbaba en aquella oficina. Tenía la quijada tensa, con los ojos clavados en los míos. — Gracias por recibirme. — Probablemente había muchas cosas más para decir en una entrevista pero eso fue lo único que mi cerebro pudo procesar, por suerte funcionó para romper aquel momento. — Veo que nunca ha trabajado en una editorial. — Dijo, con lo que parecía ser mi currículum en las manos. — En realidad no, pero trabaje cinco años como secretaria y me gradué en la licenciatura de lengua y literatura. —Si, eso ya lo ví, dígame algo que no esté escrito en su currículum. — Bajo las hojas y volvió a clavar esos impresionantes ojos azules sobre mi. Di algo cerebro, no parecía el tipo de jefe gruñón por el que las mujeres salían llorando pero sin duda si lograba intimidar con esa mirada. Mi cerebro parecía estarse reiniciando porque no podía pensar ni una solo respuesta, así mi lengua decidió hablar sin consultar a mi cerebro que aún no reaccionaba. — Siempre quise ser escritora, hablo dos idiomas, aparte de las experiencia que tengo manejo algunos programas informáticos, puedo tomar notas, redactar, soy muy discreta, si me contrata no se arrepentirá, es mi sueño trabajar en una editorial, apenas ayer llegué de España, me mudé para poder venir a esta entrevista y.... mis palabras se cortaron abruptamente al escuchar su voz. — Ven ahora mismo. — Ordenó con una voz más dura de la que había escuchado antes. La rubia apareció en cuestión de segundos, cualquiera diría que ya estaba junto a la puerta esperando la orden para entrar. — Puede esperar afuera señorita Rodríguez. — Claro, si... compermiso. Salí de la oficina con un sentimiento de haber hecho algo mal, sintiéndome como una tonta por no poder obligar a mi cerebro a responder coherentemente.
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