—¿Y sí me entrego? —Le miré durante cortos instantes a los ojos. Soltó un pequeño gruñido y negó con la cabeza. —Deja de pensar así—. Murmuró molesto, agachándose aún más. —¿Y cómo quieres que piense? Estoy poniendo en peligro a demasiadas personas—. Dije cabizbaja. —Habrá alguna oportunidad—. Insistió con esperanza. —Mira—. Me dio un fuerte codazo, haciéndome sentir un punzante dolor en el estómago. Me asomé de detrás del coche, observando una pistola, bueno, más bien parecía un elegante revolver de color azul. Tenía pinta de ser bastante caro y en cierto modo importante, ya que quien lo sostenía lo llevaba en una caja de cristal, impidiendo que alguien pueda tocarlo. —¿Eso es...? —Tragué costosamente saliva. Sin duda alguna, ambos pensamos en lo mismo y bastaba con observar la forma

