El hombre aparcó el coche cerca de un edificio que se hallaba casi a las afueras de la ciudad. Si no fuese por los demás coches que se encontraban aparcados en el aparcamiento, diría que estaba abandonado. Sentí como un escalofrío recorrió mi cuerpo, una sensación de intranquilidad se apoderó de mi. Cada vez se hacia más real el pensamiento de que iban a matarme. Al final y al cabo era una extranjera y estábamos en un sitio bastante apartado y callado. El policía se bajó del coche, cogió un fino papel y tras doblarlo varias veces lo metió en el bolsillo de su pantalón derecho. A continuación abrió la puerta de lado en el que me hallaba sentada y con un fuerte agarre me sacó del coche. Sentí como su apretón me hizo hasta daño. Solté un quejido, logrando con ello que en su rostro de nuevo

