LUC
Cada paso que damos juntos, cada momento compartido en esta ciudad, me hace darme cuenta de algo más: lo que busco en Charly no es solo una aventura, sino algo más profundo, algo que no puedo comprender del todo.
París tiene esa extraña manera de revelar lo que guardamos dentro, lo que no sabíamos que estaba ahí y que mientras menos lo esperes, llega a tu vida de una manera poco convencional para demostrar que eso era lo que nos hacía falta.
Y hoy, mientras la veía caminar junto a mí por las calles de Le Marais, tomados de la mano, entendí que, aunque siempre he sido un hombre que prefiere la imprevisibilidad, también hay algo en Charly que me atrae con una fuerza que no puedo explicar del todo y que no deseo hacerlo la verdad, me encanta esta mujer desde el primer momento en que la vi.
No puedo negar lo maravillado que quede con ella, fue como amor a primera vista y estos días a su lado, me lo han demostrado.
No es solo su calma, ni su timidez, ni su aparente inseguridad. Es que ella es todo lo contrario a mí, y a veces, eso es lo que más me atrapa y lo que más emocionado me tiene.
Yo, que nunca busco planificar, siempre buscando el caos que me permite sentirme libre, y ella, que lo necesita todo ordenado, todo bajo control es completamente lo opuesto a mi.
Pero cada vez que la veo soltar un poco de esa necesidad de control, me siento como si estuviera presenciando un pequeño milagro, un nuevo cambio en ella, una nueva Charly que tiene mucho más por aprender y vivir.
Ella lo sabe, y lo intuye, aunque no lo diga. Estoy seguro de que su transformación está sucediendo justo frente a mis ojos y me pregunto si será suficiente para ella todo este cambio que está generando.
Es por esto, que hoy decidí hacer algo diferente dentro de nuestra rutina y más al saber que sus vacaciones se había extendido más de lo que había planificado en un comienzo. Ya que cuando la conocí, me dijo que estaría solo por el fin de semana, pero anoche me envió un mensaje indicando que estaría dos semanas más en la ciudad, ya que merecía más vacaciones y quería seguir conociendo la ciudad conmigo.
Decir que estaba eufórico es muy poco para lo feliz y emocionado que estaba, es por esto, que el día de hoy quería llevarla a un lugar que no estuviera en las guías turísticas. Quería que viera la ciudad desde un ángulo que pocos turistas podrían llegar a experimentar, más allá de lo que ha experimentado hasta ahora.
Quizás no era la mejor idea de todas, pero sentí que la ciudad, de alguna manera, se había vuelto nuestra durante estos últimos días, algo que compartíamos, y esa sensación me daba la libertad de llevarla a donde yo quería, sin preguntar si estaba lista o no, aunque en el fondo, sabía que lo estaría.
-Hoy vamos a un lugar especial - le dije mientras salíamos de un pequeño café en el que habíamos pasado la mañana tomando desayuno. Su rostro no mostró sorpresa, pero sí curiosidad. Esa misma curiosidad que tiene cuando está a punto de embarcarse en algo que no sabe qué será pero que sabe que al final, le encantará.
- ¿A dónde? - preguntó, ajustándose el bolso mientras me seguía por las calles con sus ojos abiertos y muy atentos a lo que sucedía a su alrededor.
- Es una sorpresa - le respondí, sonriendo para mí mismo.
Sabía que eso la haría sentirse un poco incómoda y lo demostró apenas le respondí. No me gustaba dar respuestas claras, sobre todo porque sé que le gusta saber exactamente lo que va a pasar. Sin embargo, sabía que si la dejaba vivir la sorpresa, ella misma aprendería a disfrutar del proceso, a vivir la incertidumbre sin miedo y simplemente dejarse llevar.
Nos dirigimos hacia el Barrio Latino, pasando por el famoso Panteón y alejándonos un poco del bullicio turístico que se puede sentir en París, y mientras caminábamos, no dejaba de observarla, de estar atento a ella hasta en lo más mínimo.
Y su belleza, no ayuda, ya que me llego a desconcentrar muy rápido.
Dios, creo que me estoy enamorando.
Pero volviendo al tema, a medida que nos adentrábamos en las callejuelas menos conocidas, su expresión era cada vez más curiosa, pero también un poco tensa, no la llevaría a un lugar peligroso y espero que ella lo sepa.
No era la misma Charly que se sentaba tranquila en los cafés o que tomaba fotos frente a la Torre Eiffel. Esta Charly parecía estar a punto de cruzar una línea, esa línea invisible entre lo que conoce y lo que desconoce, entre lo que puede controlar y lo que no.
Y yo estaría aquí en primera fila para presenciarlo y de alguna manera, me sentía orgulloso de ser esa persona
- ¿Por qué siempre me llevas a lugares tan... desconocidos? - me preguntó, mientras nos adentrábamos en una pequeña callejuela con bares y librerías viejas, casi todas cerradas por la hora temprana.
- Porque la magia está en lo desconocido - respondí sin pensarlo, mientras tomaba un giro hacia una puerta modesta y desgastada. Era una entrada a un lugar que nadie en sus cinco sentidos encontraría si no supiera exactamente qué buscaba y como yo conocía la ciudad como la palma de mi mano, llevaría a Charly a lugares inimaginables.
Cuando cruzamos la puerta, la luz cambió y pude sentir el cuerpo de Charly a mi costado ponerse tengo.
La diferencia con las calles exteriores era abismal. Estábamos en una librería, pero no una librería cualquiera. Era un lugar tan antiguo que el aire parecía cargado de historia, de susurros de los personajes de los cuentos que aquí existían y habitaban.
Los estantes repletos de libros en francés, inglés y otros idiomas, las alfombrillas gastadas y las sillas de madera que parecían haber visto décadas de conversaciones, hacían del espacio un santuario del tiempo, un lugar mágico donde perderse para nunca más encontrarse.
Yo mismo había pasado horas, días enteros en este lugar simplemente disfrutando de la magia que este lugar albergaba.
- Bienvenida a uno de mis lugares favoritos en París…- le dije mientras me acercaba a una estantería que contenía una colección de libros de poesía -...Este es un lugar donde la gente viene a perderse. Aquí, no hay itinerarios, no hay mapas. Solo hay historias, cuentos, fantasía. Y esas historias, charly, son las que necesitamos a veces cuando estamos buscando algo que no sabemos ni qué es y que en este lugar, por muy loco que te parezca, podemos encontrar - le digo entregando un libro que ahora descansa en sus manos con su vista muy atenta en el.
Charly luego de unos segundos, se acercó lentamente, tocando los lomos de los libros, como si tratara de absorber algo del ambiente.
- ¿Por qué este lugar? - preguntó, mirando alrededor, con una mezcla de fascinación y desconcierto pero con un brillo especial en sus ojos.
- Porque, en algún momento, todos necesitamos un lugar donde olvidarnos de nosotros mismos…- respondí -...y es en este sitio, donde las historias de otros te permiten perderte un poco, pero al mismo tiempo te encuentran. Yo vengo aquí siempre que necesito pensar - le digo sin dejar de admirarla.
Lucía no dijo nada por un momento pero no le perdí el rastro y estaba fascinado con sus expresiones, la vi perderse entre los estantes, tomando un libro tras otro, hojeando, como si estuviera buscando algo, alguna respuesta, un no se que.
No sé si se dio cuenta de que la estaba observando, pero sus movimientos lentos, casi meditativos, me decían que estaba buscando algo más allá de las palabras. Estaba buscando una conexión, no con el libro, sino con ella misma.
Después de un rato, se acercó a mí, con un pequeño libro en la mano.
- Esté me gusta…- dijo, mostrando el título: Les Fleurs du mal de Baudelaire -...Nunca lo había visto - dice mostrándome el libro.
- Es uno de los más grandes de la literatura francesa…- le respondí -...Te puede parecer denso, pero en él están todas las respuestas que necesitamos. O, mejor dicho, las preguntas que debemos hacernos - le digo con calma tomando el libro por un segundo para luego regresarlo a sus manos.
Nos quedamos un momento en silencio, rodeados de libros, mientras las luces del atardecer se filtraban a través de las ventanas de la librería produciendo un contraste entre la luz que quedaba y las sombras del lugar.
No era la idea de mostrarle un lugar nuevo lo que más me interesaba, sino lo que ese lugar podría despertar en ella y me di cuenta de que la estaba llevando a este sitio porque, de alguna forma, quería que entendiera lo que significaba perderse y encontrarse en los detalles, en las pequeñas cosas, en las cosas simples de la vida.
Muchas veces nos perdemos de la magia que hay a nuestro alrededor por lo ajetreada que se puede volver nuestro dia a dia y es por eso, que estos días le he enseñado lo contrario. Y que a veces perderse, puede ser el camino perfecto para reencontrarse con uno mismo.
- Quizá tú también necesitas perderte de vez en cuando - le dije, en voz baja.
Ella me miró de reojo, sus ojos brillando con una mezcla de comprensión y algo que parecía ser una chispa de curiosidad, esa curiosidad que había estado en su interior todo el tiempo, pero que había estado oculta bajo capas de dudas y miedos.
-Tal vez. Pero perderse no siempre es fácil, ¿verdad? - me dijo en un susurro.
- No lo es…- respondí -...pero es necesario. Y París, Charly, es la mejor ciudad para hacerlo. Aquí, cada esquina te desafía, te ofrece algo nuevo pero también te da la libertad para decidir qué hacer con ella - le digo y me quedo observando cómo asimila mis palabras, con una leve sonrisa en los labios. Sabía que aún le costaba abandonar su control sobre todo, pero estaba empezando a comprender lo que trataba de decirle.
Casi sin que lo notara, habíamos pasado horas en la librería. Los minutos se deslizaban mientras charlábamos sobre las poesías de Baudelaire, sobre lo que París representaba para cada uno de nosotros.
No sé cuánto tiempo pasó, pero cuando nos dirigimos hacia la salida, la noche ya había caído, y el aire fresco de la ciudad nos envolvió como un helado abrigo sobre nuestros cuerpos.
El silencio que compartimos en el camino de regreso no era incómodo, todo lo contrario, era de esos silencios que nos invitaban a reflexionar y simplemente disfrutar de la compañía que teníamos, en este caso, el uno al otro.
Era como un silencio de entendimiento y es en ese silencio, como algo estaba comenzando a ocurrir en Charly. Algo que no podría explicar con palabras, pero que sentía en el aire, en la forma en que caminaba junto a mí.
- ¿Sabes? Hoy ha sido diferente…- dijo de repente, mirando al frente, como si las palabras surgieran de alguna parte que no había visitado antes -....Te agradezco por mostrarme este lugar. A veces creo que en París es más fácil perderse, pero al mismo tiempo, también es el lugar donde me he encontrado más - Sonreí para mí mismo.
Sabía que este era solo el principio. Que, por fin, estaba viendo a Charly de la manera en que siempre supe que podría ser: libre, curiosa, y, sobre todo, capaz de encontrar la belleza en la incertidumbre y en lo desconocido.