Han pasado seis meses. Seis largos y pesados meses desde que dejé París. Desde que me despedí de Luc en la estación de tren, con el corazón hecho pedazos, y volví a casa, a la rutina que me había conocido antes. Mi vida aquí, con su ritmo monótono, parece ajena. Es como si estuviera viviendo en una burbuja, un eco de lo que fue mi vida antes de París. Pero dentro de mí, algo ha cambiado. Algo profundo. Algo que no puedo ignorar. Me levanto cada mañana a la misma hora, hago lo mismo, voy a los mismos lugares. El trabajo, las reuniones, las cenas familiares. La vida sigue, sí, pero no la siento mía. Los días se alargan, pero mi mente sigue en París, en Luc, en esos momentos en los que me sentía libre, viva. Aquí, todo está tan controlado, tan predecible, que me siento como una extraña e

