El corazón me golpeaba muy duro contra mi pecho, sentía que podía explotar en algún momento. Todo esto ya no me parecía tan buena idea, el simple hecho de temer no estaba entre mis planes, yo tenía que ser fuerte y aguantar todo lo que pudiera, quizás había hecho muy mal las cosas.
Eso era bastante obvio.
Pero ya no había vuelta atrás, quise preguntarle más acerca de lo que había dicho el chico de las mujeres en el rio, pero ya estaba en la otra esquina y no pensaba levantarme de la silla, no sabiendo que tenía unos ojos detrás que seguirían todo mi camino y entre mas quieta estuviera, menos atención lograría llamar.
—Una chica difícil, eh —sentí que se me subía un nudo a la garganta.
Giré lentamente mi cuerpo hacia la voz encontrándome con unos ojos verdes hipnotizantes, temblé del miedo, quise actuar, matarlo en aquel instante, pero mi cuerpo me traicionó quedándose muy pero muy quieto.
—Es de muy mala educación no aceptar una invitación del jefe el lugar, ¿Lo sabias?
—No sé quien es el jefe —él rio como si mi respuesta hubiera sido lo mas gracioso del mundo y yo me felicité el que mi voz no saliera afectada.