CAPÍTULO VEINTISÉIS Erec estaba parado en la base de la quebrada, solo ante el ejército del Duque, de pie, mirando el estrecho túnel de oscuridad, esperando. Se quedó allí parado, con las manos en sus caderas, mostrando una sensación de calma para todos los que tenían sus ojos puestos en él; sin embargo, en el fondo, se sentía ansioso. Su sexto sentido le decía que los hombres de Andrónico estaban cerca. No podía quedarse sentado en su caballo a esperar. Tenía que estar de pie, en el suelo, al frente, ante los demás. Ése era él. Erec había repasado en su mente las posiciones de sus hombres en incontables ocasiones, había ensayado su estrategia, había intentado pensar en todos los escenarios, en todo lo que podría salir mal. Se sentía seguro, preparado. Todos los hombres del Duque habían

