Sonia y Thomas

599 Words
Sonia Wolfram. Ese es su nombre. Es el reflejo de una madre que no conoció. Su vida es perfecta. Eso le dicen. A pesar de ser una bastarda su padre la ama, incluso más que a su hijo mayor y heredero. Sandra la ama, Andreas la adora y todos también. Hoy cumple 16 años. Sonia nunca se había sentido fuera de lugar, no hasta su décimo cumpleaños cuando conoció a su primo Thomas. Thomas es 7 años mayor que ella y el nunca estaba en casa. Cuando ella tenía 4 Thomas fue enviado a un internado. El comportamiento de Thomas siempre fue errático por lo cuál sus padres nunca lo dejaron estar cerca de la pequeña Sonia. Thomas fue enviado a un internado ya que había lastimado a una de las criadas. La empujó desde la mitad de las escaleras causando que se le rompiera un brazo y varias costillas. El había mejorado, o eso creía su familia, por ello a sus diecisiete años lo dejaron llegar a casa a conocer a su prima en su cumpleaños número 10. Todo había transcurrido de manera normal. Pero Thomas nunca se sintió tan afectivo hacia Sonia, la hija de una criada que tuvo la suerte de embarazarse de su tío. Él la corrompió. Le hizo creer que no era nadie y que todos la odiaban. Que ella no se pertenecía. Que le pertenecía a ellos y cuando fuera grande la venderían como ganado al mejor postor como había hecho la familia de Sandra con ella. Sonia nunca había conocido el mal y cuando lo conoció de nombre Julius Thomas Wolfram le creyó y Thomas se ganó a un juguete, un juguete perfecto, de linaje puro como el de él pero no lo suficientemente digno ya que estaba manchado por una criada. Thomas nunca dejo de herir a personas. En el internado había escapado varias veces para ir a la calle y encontrar presas pero se sentía asqueado al tocar a cosas tan impuras, la sangre que corría por sus manos no era digna de mancharlo. Esos vagabundos y borrachos no le daban tanto placer como verla a ella sangrar. Ella era pura, su sangre como la de él digna de tocarlo, pero era cuidadoso, no la cortaba en lugares visibles la hacia desnudar su torso y le cortaba ahí o en la espalda, él solo quería ver la sangre correr por sus manos y sentirla fresca. Ver la cara de dolor y oír los gritos de Sonia. Eso lo calmaba. Sonia era su juguete, era de él. En la familia Wolfram hay siempre un familiar tan loco como cuerdo y Thomas seguro estaba del lado loco. Desde hacía seis generaciones no se había visto uno tan obsesionado con la sangre como Thomas. Thomas ahora de veintitrés años, había dejado el internado a los dieciocho y regresado a la finca a vivir los fines de semana que no había universidad, pero desde hacía ya unos meses que se graduó estaba viviendo diariamente en la finca por lo cuál era feliz de tenerla siempre cerca. Habían días que tenía que salir y quedarse en la ciudad pues el manejar los negocios de su familia no es tan sencillo. Sonia ya se había acostumbrado a todo, pero no mucho al dolor pues aún lo sentía y aún gritaba en varias ocasiones. Hoy cumple dieciséis años una hermosa edad para las jovencitas y aunque sabe que no se pertenece aún trata de disfrutar la vida. Desea que cuando la vendan lo hagan a una familia como la suya. A excepción de Thomas todos la adoran.
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