Pasaron varios días en los que no conseguí ningún progreso y aquello cada vez me frustraba mas. Al menos Angie ya se había acostumbrado a llamarme por mi nombre y no por mis títulos. — Tienes que relajarte, Esteban. — No puedo, Angie. — Quizás debamos cambiar de lugar. Tengo la sensación de que este no es el mejor sitio. — ¿Y a dónde quieres ir? — Al bosque. — ¿Al bosque? ¿Allí no será peor? — No, no lo creo. Vamos. Angie se levantó de la segunda silla que había traído para las sesiones, y la seguí en dirección al bosque. Por el camino, varios lobos nos miraron extrañados. Ignoré los cuchicheos que surgían a mi alrededor: empezaba a cansarme que cada vez que me veían acompañado con una mujer, comenzasen rumores acerca de una posible relación. "Es normal. Si quieres que se termi

