Capítulo 8

1341 Words
Ella ya no dijo nada, solo se desabrocho el cinturón de seguridad, pero esta vez Agustín estaba preparado, así que tomo su mano, para detenerla. — No se te ocurra dejarme de nuevo, con la palabra en la boca, estoy hablando contigo y no me dejarás como la vez pasada. — dijo Agustín molesto, para él, ella solo huía de él. — ¿Que es lo que quiere? He! quieres que me quede aquí a escuchar una sarta de insensatezes que salen de tu boca, Dios no se que es lo que piensas de mí y la verdad no me importa, pero se que te arrepentiras de cómo me tratas ahora sueltame — contestó ella. Como pudo se soltó del agarre de Agustín, y salió del auto, por fortuna estaban parados en semáforo rojo, ella se fue hacia la banqueta y empezó a caminar. — Esta mujer esta loca o qué ¿Por que se baja a media carretera? — pensó Agustín. El iba siguiéndola hasta que pudo detener el auto y bajarse para enfrentarla. — Anna, de verdad que tienes una facilidad, para hacerme enojar, te estoy dando la opción de que seas sincera conmigo o de lo contrario te arrepentirás. — dijo él poniéndose al frente de ella obstruyendo su paso, ella solo luso los ojos en blanco y se detuvo para contestarle. — En verdad cree que sus amenazas funcionan conmigo, no le tengo miedo haga lo que quiera, solo espero que no se arrepentira por pensar mal de mi, ahora si me permite me iré a casa con su permiso. — Anna paro un taxi, se subió y se fue después se puso a pensar que el auto era de ella y se lo dejó a Agustín — Rayos Anna en que diablos andas pensando — pensó para sí misma, pero fue interrumpida por el taxista. — ¿A dónde la llevó señorita? – preguntó el taxista, sacándola de sus pensamientos. — Oh sí, por favor, lleveme a las residencia paraíso. — contestó Anna y el chófer asintió Pronto llegó a casa José estaba esperándola pues Sofía ya le había avisado que Agustín la llevaría a casa pero ella llegó sola y y en taxi, cosa que lo extraño, pues sabi que Anna había llevado su auto. — ¿Dónde está Agustín Anna? Me dijeron que él te traería y ¿Por qué llegaste en taxi? — preguntó José y Anna suspiro ntes de contestar, para tranquilizarce. Anna no le dijo nada a su padre por que sabía que dijera lo que dijera no cambiarían los planes hacerca del matrimonio así que mintió. — Él tuvo algo urgente que atender en su oficina, asi que tuvo que irse y me envió en un taxi. — José quedó satisfecho con la respuesta de Anna, y ya no pregunto más Ella se fue a su habitación pensando en lo sucedido —¡Ah!!! — grito —Este hombre me matara de un coraje por que cree todo eso, ahora si ya lo odio — dijo en voz alta, sabía que nadie podría escucharla, decidió no pensar más en eso e irse a dormir. Al día siguiente, se levantó tarde, no pudo dormir mucho pensando en en todo lo que aqul hombre le hacía dicho, tenía la oportunidad de llegar tarde a la universidad, pero decidió quedarse en casa, sin saber que llegaría un invitado. Era exactamente el medio día cuando tocaron el timbre la sirvienta abrió la puerta y se sorprendió al ver a un hombre con un metro noventa de estatura un cuerpo esquisito el hombre traía puesto un traje hecho a la medida que lo hacía pareces aún más guapo y elegante, la sirvienta salió de su aturdimiento sacudiendo su cabeza ligeramente. — ¿ A quien busca joven? — preguntó la chica. Agustin estaba a punto de contestar cuando escucho la voz de Anna. — ¿Quién es Rosita? — preguntó Anna y al asomarce vio al apuesto hombre parado en su puerta. — Ah es usted ¿Qué decea? — preguntó al verlo. —¿No invitas a pasar a tu prometido? —preguntó Agustín y Rosita volteo a ver a Anna pero no dijo nada en cambio Anna estaba apuntó de contestar cuando José salió. — Agustín, que gusto verte por aquí, pasa por favor — Anna ¿Qué estas haciendo que no lo invitas a pasar Anna solo puso los ojos en blanco. — ¿Qué te trae por aquí Agustín? — preguntó José, un poco emocionado, por ver a su yerno en su casa. — Solo vine, a dejar el auto de Anna —contestó el chico. Pero lo que en realidad quería, era saber que había dicho Anna. — Oh, si Anna me dijo que ya no pudiste traerla a casa, porque tenías algo urgente que atender en la empresa. — respondió José. — Así es, discúlpeme por eso, no volverá a pasar — dijo Agustín en un tono firme y Anna no podía creer lo que escuchaba —Bueno yo los dejo, supongo que tienen cosas de que hablar. — Dijo José y salió de la sala de estar. En cuánto desaparecio José, Agustín habló. — Creí que habías dicho algo malo de mi. — dijo Agustín, observando la reacción de Anna, el se había percatado que ella estaba molesta, aunque no entendía el porqué — Gracias por traer mi auto, ya sabe lo que dije, así que ya puede irse. — respondió ella solamente — ¿Y no me puedes invitar a comer? siquiera por agradecimiento por haber traído tu auto. — preguntó Agustín y Anna suspiro. En ese momento creyó que él era un cínico. — Está bien, le diré a Rosita que prepare algo para usted y así me deje en paz — respondió y se fue a la cocina. Agustín estaba elegantemente sentado en la sala de estar, era innegable no ver lo atractivo que era. Anna y Rosita estaban en la cocina. Esta última le daba miradas furtiva al hombre ajeno a ellas. — Anita ¿Es cierto lo que él dijo? el es tu prometido ¿Con él te vas a casar? — preguntó Rosita, pues ella no había visto a un hombre tan atractivo de cerca. —Sí, él es, pero que no te engañe su apariencia, tiene un comportamiento medio extraño, que hace que me asuste. — respondió Anna. —Pero es muy atractivo, te sacaste la lotería, bueno tu papá supo elejir muy bien. — dijo con emoción Rosita. — No digas tonterías Rosita, él lo que tiene de atractivo lo tiene de arrogante y prepotente, y ya mejor dejemos de hablar de él y mejor apúrate, ya quiero que se vaya. — dijo ella, arrugado su ceño — Esta bien, esta bien, la comida estará lista en unos minutos. — respondió Rosita con una sonrisa. — Bien, entonces deja te ayudaré a poner la mesa para él — contestó Anna, sin darle oportunidad a Rosa de decirle que no. Salió de la cocina y empezó aponer la mesa para Agustín pero decidió preguntarle a su padre si también quería almorzar. Sabía que si no lo hacía su padre le haría preguntas las cuales ella no querría responder. Anna se fue al despacho de su padre, José últimamente no salía de ese lugar, así que tocó la puerta y después de escuchar un adelante de su parte, entró a la habitación. — Padre ¿Quieres comer? —pregunto Anna. —¿Invitaste a Agustín a quedarse a comer? —Preguntó José, de inmediato. — Sí padre, él también se quedara a comer. — contestó ella, con poca emoción, que no pasó desapercibida para su padre. — Bueno bajo enseguida — contesto José. Él estaba contento de que su yerno estuviera conviviendo más con Anna, aunque ella no estuviera contenta con ello, él creía que Agustín era el hombre perfecto para su hija. Jose no tardo en bajar se fue a lavar las manos Agustín y Anna ya lo esperaban en la mesa.
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