Perdí la noción del tiempo observándola. Esta vez no necesitaba una pantalla. No había cámaras, ni distancia, ni excusas. Sentía su respiración tranquila, rítmica, aunque su cuerpo no descansaba del todo. Dormía inquieta. Murmuraba palabras que no llegaban a formarse, se movía como si algo la persiguiera incluso en sueños. A veces se sobresaltaba, apenas, como si intentara huir de algo que no podía ver. Me dolía verla así. Cuando finalmente me alejé, le pedí a Enzo que se quedara con ella. Dejé la puerta abierta. No por confianza, sino por control. Para asegurarme de que no se iría a ningún lugar esta vez. Aunque, siendo honesto, eso no debería importarme demasiado cuando ya tenía a los secuestradores en mis manos. Y aun así… algo no encajaba. Ellos parecían saber demasiado sobre Ale

