El camino hacia el evento fue… silencioso. Un silencio espeso, pesado, que no sabía si podía cortar con los dientes o con las uñas. Luca mantenía la mirada fija en la ventana, como si la ciudad que pasaba fuera más interesante que mi existencia. Sus dedos no dejaban de golpear el borde del reloj; era un gesto tan repetitivo que comenzaba a desesperarme, pero no me atrevía a decírselo. Cada vez que soltaba un bufido, su mandíbula se tensaba tanto que podía ver cómo se marcaban sus músculos incluso bajo la sombra del auto. No sabía si estaba nervioso… o si seguía arrastrando aquella furia con la que había llegado horas antes a la casa. Había algo en él, algo que vibraba bajo la superficie, como un hilo de electricidad dispuesto a incendiarlo todo si alguien lo tocaba en el punto equivocad

