Luca no respondió de inmediato. El silencio que siguió fue tan pesado que pude escuchar el leve zumbido del aire acondicionado en la habitación. Mis dedos seguían aferrados a su brazo. Sentía el calor de su piel bajo mi mano… y aun así, por primera vez en mucho tiempo, Luca me parecía lejano. Sus ojos me observaban con atención, como si intentara entender de dónde venía realmente mi pregunta. —¿Por qué preguntas eso? —dijo finalmente. Su voz era tranquila. Demasiado tranquila. Tragué saliva. Durante un segundo pensé en decirle la verdad. Decirle que había visto la fotografía. Que había entrado a su despacho. Pero algo dentro de mí se detuvo antes de hacerlo. Porque si Luca estaba ocultando algo… revelar lo que había visto podría darle tiempo para inventar una explicación. —No lo sé

