Mientras Diego regresaba al refugio, Alicia tomaba una decisión crucial. Sabía que debía actuar rápido y con precisión. Ronald se había vuelto un problema más serio de lo que había anticipado. Necesitaba verlo personalmente para evaluar su estado y planificar los próximos pasos.
Alicia llegó a la lujosa mansión de Ronald a última hora de la tarde. Los guardias la dejaron pasar sin problemas; todos la conocían y sabían de su estrecha relación con Ronald. Subió las escaleras con determinación y se dirigió a su oficina privada, encontrándolo en un estado lamentable.
Ronald estaba sentado en su gran escritorio de caoba, rodeado de botellas vacías de whisky. Su mirada era vidriosa y perdida, y su semblante reflejaba el profundo abismo en el que había caído.
—Ronald —dijo Alicia, con voz firme, al entrar en la habitación—. Tenemos que hablar.
Ronald levantó la vista, apenas reconociéndola. —¿Mamá? ¿Qué haces aquí?
—Vine a ver cómo estabas. Y no me gusta lo que veo —respondió, cruzando los brazos frente a él—. Necesitas levantarte de esta miseria y volver a ser quien eras.
Ronald soltó una risa amarga. —¿Quién era, mamá? ¿Un mujeriego sin rumbo? Eso se acabó cuando conocí a Elena.
Alicia se acercó más, su expresión endurecida. —Escúchame, Ronald. No puedes seguir así. Tienes responsabilidades, tienes una empresa que manejar. Y aunque te cueste aceptarlo, Elena ya no está aquí. Es hora de que sigas adelante.
Ronald la miró fijamente, sus ojos llenos de dolor y resentimiento. —¿Y cómo esperas que haga eso? Ella era todo para mí.
Alicia sabía que debía ser cuidadosa, pero también sabía que tenía que ser dura para sacarlo de su espiral autodestructiva. —Ronald, necesito que entiendas algo. Hay más en juego aquí que solo tus sentimientos. La empresa necesita a su líder, y tú necesitas volver a ser el hombre fuerte que eras.
Ronald no respondió, pero sus ojos mostraban un rayo de reconocimiento.
—He ideado un plan —continuó Alicia—. Vamos a devolverte al camino que solías seguir. Necesitas salir, volver a interactuar con la gente, y sobre todo, recordar lo que era vivir sin estar atado a una sola persona. Tienes que dejar de aferrarte al pasado.
Ronald suspiró, pero no parecía convencido. —¿Y cómo piensas hacerlo?
Alicia se inclinó sobre el escritorio, mirándolo fijamente a los ojos. —Voy a organizar eventos, reuniones sociales, fiestas. Voy a recordarte lo que es ser Ronald Wilson, el hombre que no necesitaba a nadie para ser fuerte y exitoso.
Ronald la miró, sus ojos llenos de una mezcla de desesperación y esperanza. —¿Y si no funciona, mamá? ¿Y si nunca puedo olvidar a Elena?
Alicia sonrió con una mezcla de ternura y firmeza. —No se trata de olvidar, Ronald. Se trata de seguir adelante. Y si sigues mi plan, lo lograrás.
—Mamá, ¿qué estás diciendo? —su voz era apenas un susurro.
—Estoy diciendo que es hora de enfrentar la realidad, Ronald. Tienes que dejar ir a Elena y seguir adelante con tu vida. Ella nunca fue la respuesta a tus problemas. Y ahora, más que nunca, necesitas ser fuerte.
Ronald asintió lentamente, como si finalmente comenzara a entender la gravedad de su situación. —Está bien, mamá. Haré lo que sea necesario.
Alicia sonrió, aliviada. —Confío en ti, Ronald. Vamos a superar esto juntos.
Después de su conversación con Ronald, Alicia salió de la mansión, su mente trabajando rápidamente en el próximo paso de su plan. Sabía que necesitaba una estrategia más contundente para sacar a su hijo del abismo en el que había caído. Se dirigió a un elegante restaurante en el centro de la ciudad, donde tenía una reunión concertada con una persona de confianza.
Al entrar en el restaurante, Alicia fue conducida a una mesa privada en la parte trasera. Allí la esperaba una mujer elegante y atractiva, con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos. Su nombre era Verónica, una mujer conocida por su habilidad para manejar situaciones complicadas con gracia y eficacia.
—Verónica —dijo Alicia, sentándose frente a ella—. Gracias por venir en tan poco tiempo.
Verónica sonrió con profesionalidad. —Siempre es un placer trabajar contigo, Alicia. ¿Cuál es el plan?
Alicia tomó un sorbo de su copa de vino antes de hablar. —Mi hijo, Ronald, está en un estado lamentable. Necesito que lo saques de su depresión y lo hagas recordar lo que es ser el hombre que solía ser.
Verónica arqueó una ceja, interesada. —¿Y cómo exactamente planeas que haga eso?
Alicia se inclinó hacia adelante, su mirada intensa. —Necesito que lo seduzcas, Verónica. Debes llevarlo a la cama y hacer que su pene reaccione. Haz que recuerde lo que es ser un mujeriego. Es la única forma en que puedo separarlo de Elena y devolverle la vida.
Verónica asintió lentamente, entendiendo la gravedad de la situación. —Será un desafío, pero creo que puedo manejarlo. ¿Algún detalle específico que deba saber?
Alicia le proporcionó la información necesaria sobre Ronald, sus gustos y preferencias, y la situación emocional en la que se encontraba. Verónica escuchó atentamente, tomando notas mentales mientras Alicia hablaba.
—Entendido. Empezaré de inmediato —dijo Verónica al finalizar la reunión.
Esa misma noche, Verónica se preparó para la tarea que tenía por delante. Sabía que Ronald sería un desafío, pero estaba decidida a cumplir con lo que Alicia le había pedido. Se presentó en la mansión de Ronald bajo el pretexto de ser una nueva asesora de negocios enviada por Alicia.
Ronald, aunque inicialmente escéptico, aceptó reunirse con ella. Verónica utilizó su encanto y carisma para ganarse su confianza poco a poco. Durante las siguientes semanas, se acercó más a Ronald, mostrándole apoyo y comprensión en su momento de necesidad.
Después de varias semanas de acercarse a Ronald, Verónica decidió que era momento de avanzar en el plan de Alicia. Esa noche, en la mansión de Ronald, ella llevó la conversación a un tono más íntimo, intentando seducirlo con su encanto y su proximidad.
—Ronald, has pasado por mucho —dijo suavemente, acariciando su brazo—. Pero la vida sigue, y hay muchas maneras de encontrar consuelo y placer.
Ronald apartó la mirada, su mente aún atrapada en sus propios demonios. —Verónica, no estoy interesado. No en este momento.
Verónica, frustrada pero determinada, decidió cambiar de táctica. —¿Qué te pasa, Ronald? ¿Realmente vas a dejarte morir por una simple mujer? —dijo con desdén—. Quizás ya no eres el hombre que solías ser. ¿Acaso tu pene ya no funciona?
Ronald permaneció en silencio, sin reaccionar a sus provocaciones. Verónica, viendo que sus palabras no tenían efecto, decidió llevar el plan a otro nivel. Le ofreció una copa de vino que había preparado con una sustancia para desinhibirlo.
—Bebe esto —dijo, entregándole la copa—. Te hará sentir mejor.
Ronald, demasiado abatido para resistirse, tomó la copa y bebió. Minutos después, comenzó a sentir un cambio en su estado. La sustancia empezó a hacer efecto, y Ronald se sintió más relajado y menos consciente de sus inhibiciones.
Verónica aprovechó el momento para acercarse más a Ronald. —Eso está mejor, Ronald. Déjate llevar —susurró, mientras comenzaba a besarlo.
Ronald, bajo la influencia del vino adulterado, empezó a tocarla, sus manos recorriendo su cuerpo con una urgencia desesperada. Verónica, viendo que estaba logrando su objetivo, lo guió hacia la cama y comenzó a desvestirlo.
Sin embargo, cuando bajó sus pantalones, encontró un pene flácido. Decidida a cumplir con su misión, se inclinó y comenzó a estimularlo oralmente, intentando animarlo.
Pero a pesar de sus esfuerzos, Ronald no respondía como ella esperaba. Su cuerpo, aún atrapado en la tristeza y la desesperación, no reaccionaba a los estímulos. Verónica, frustrada y molesta, se detuvo.
—¿De verdad, Ronald? —dijo con una mezcla de incredulidad y desdén—. No puedo creer que estés tan destruido. Parece que realmente has dejado de ser un hombre.
Ronald, aunque afectado por la sustancia, se sintió humillado y enojado. Pero la tristeza y el vacío eran más fuertes. No pudo decir nada, solo se quedó ahí, hundido en su propio abismo.
Verónica se levantó, furiosa y decepcionada. Sabía que tenía que informar a Alicia sobre el fracaso de su intento. Salió de la habitación, dejando a Ronald solo y sumido en su desesperación.
Al día siguiente, Verónica se reunió con Alicia en un café discreto. Alicia la miró con expectativa, esperando noticias sobre su hijo.
—¿Cómo fue? —preguntó Alicia, con una mezcla de esperanza y preocupación.
Verónica suspiró, frustrada. —Lo intenté todo, Alicia. Lo seduje, lo provoqué, incluso le di una copa adulterada. Pero no hubo respuesta. Ronald está más destruido de lo que pensábamos.
Alicia apretó los labios, su mente trabajando rápidamente en una nueva estrategia. —Esto no puede continuar así. Si Ronald no puede salir de este estado, todo lo que hemos trabajado se vendrá abajo.
Verónica asintió, comprendiendo la gravedad de la situación. —¿Qué quieres que haga ahora?
Alicia pensó por un momento, su mente llena de determinación. —Voy a tener que pensar en algo más. Pero por ahora, sigue cerca de él. Necesito que estés lista para cualquier cosa que pueda suceder.