Capítulo — La pequeña mamá gigante (Parte II) Naty salió del consultorio con los resultados apretados entre los dedos. No los guardó enseguida en la cartera. No pudo. El papel seguía ahí, visible, como si necesitara asegurarse de que aquello no era una ilusión ni un mal sueño. El pasillo de la clínica estaba tranquilo, pero para ella todo sonaba distante. Las voces, los pasos, el timbre del ascensor… todo parecía llegarle amortiguado, como si estuviera caminando dentro de una burbuja. Al cruzar la puerta de salida, el aire fresco de la mañana le golpeó el rostro. Inspiró hondo. El olor a mar mezclado con desinfectante todavía le resultaba extraño, pero esa bocanada le ayudó a ordenar apenas los pensamientos que se atropellaban en su cabeza. Caminó despacio hasta la parada del autobús.

