Capitulo Dos días para nosotros Gabriel y Flor entraron en la habitación del pequeño hotel boutique donde pasarían los próximos dos días, lejos del ruido de la ciudad y de las obligaciones que siempre los aguardaban al volver. La puerta se cerró a sus espaldas con un clic suave, casi simbólico, y por primera vez en mucho tiempo el silencio no pesó: abrazó. La habitación estaba bañada por una luz cálida que emanaba de lámparas tenues, estratégicamente colocadas. Sobre la cama de madera rústica, impecablemente tendida, pétalos de rosas dibujaban un corazón imperfecto pero sincero. A un costado, una pequeña mesa ofrecía fresas frescas, chocolates artesanales y una botella de vino sin alcohol enfriándose en una cubitera. Flor dejó su bolso sobre un sillón y giró lentamente sobre sí misma, a

