Capítulo El Milagro de Navidad La llegada de la ambulancia trajo calma a la casa. Los paramédicos, vestidos con sus uniformes y cargando los equipos necesarios, entraron con rapidez y profesionalismo. La adrenalina que había sostenido a todos en vilo comenzó a ceder, dejando paso a un silencio expectante. Gabriel, quien había dejado atrás el traje de Papá Noel —ahora olvidado sobre una silla—, caminaba junto a la camilla sosteniendo con fuerza la mano de Flor. Aunque intentaba mostrarse sereno, sus ojos reflejaban una mezcla intensa de emoción y alivio: lo impensado había sucedido, pero todo había salido bien. Dylan y Florencia, los hijos mayores de la pareja, observaban desde la entrada con los ojos muy abiertos. No hablaban. No preguntaban. La abuela Elsa, con sus manos firmes apoyadas

