Capítulo Entre risas y ternura Los padres de Flor también llegaron al pueblo para acompañarla en la recta final del embarazo de los mellizos y pasar las fiestas en familia. Su presencia llenó la casa de una calma distinta, de esas que no hacen ruido pero sostienen. Cada pieza del rompecabezas parecía encajar por fin. Flor sentía que, aunque Manuel y Andrea no estaban físicamente, los acompañaban en cada paso, como si desde algún lugar los empujaran suavemente hacia adelante. La llegada inminente de los mellizos, la nueva etapa de Ana como maestra y la estabilidad que Pedro había logrado en su trabajo le daban a Flor la tranquilidad necesaria para mirar el futuro sin miedo. El pasado seguía siendo parte de ella, pero ya no dolía igual. Estaba aprendiendo a soltarlo sin olvidarlo, a honr

