"¡Maldita sea, Layla!" La voz de Jenna rompió el silencio de la oficina. Inmediatamente me llamó la atención, pues me di cuenta de que llevaba bastante tiempo ausente de su escritorio. "¿Jenna?", llamé a la mujer. "Oh, hola Adam, lo siento, pensé que ya te habrías ido." Respondió ella, asomándose por la puerta entreabierta de mi oficina. "¿Qué ocurre?" "Oh, nada. Bueno, tal vez sea algo. ¡Joder, no lo sé!" Jenna suspiró, concentrándose en su teléfono mientras caminaba hacia mi escritorio, con una expresión de angustia en su rostro mientras bebía un café helado demasiado grande y carísimo, agarrándolo con los dedos de punta francesa como si estuviera dando su vida por él. "Háblame, Jenns." Interrumpí lo que estaba haciendo y me aparté de mi escritorio cuando ella se acercó y se apoyó

