Pero la sonrisa que se dibujó en sus mejillas manchadas de rímel contaba una historia diferente. "Tan... jodidamente... intenso..." Jenna jadeó entre respiraciones con una voz que la habría convertido en la candidata perfecta para narrar una novela erótica, con el rostro aún enrojecido por haber estado privada de oxígeno durante tanto tiempo. "Qué niña tan buena..." la elogié, pasando mis dedos por su cabello enmarañado. "Bienvenida a la familia...", ronroneó Staci, deslizándose lentamente sobre el cuerpo exhausto y flácido de Jenna hasta quedar frente a frente. Lo que mi hija hizo a continuación no debería haberme sorprendido en lo más mínimo, ya que Staci comenzó a lamer los ríos de semen y saliva que cubrían el rostro de Jenna con una agilidad casi felina, asegurándose de no perder n

