La habitación quedó en silencio por un instante, salvo por los jadeos de mi hija rubia al sentir aquel objeto tan grande en la boca. Para entonces, Taylor había soltado el fuerte agarre que ejercía sobre la cabeza de Layla, dejándose caer al suelo mientras le secaba las lágrimas de las mejillas a su prima con besos. Mientras tanto, Jenna había vuelto a tragarse el pene de Rick, con el cuello abultado por la penetración de la punta en el cálido guante aterciopelado, acompañada de los húmedos sonidos de succión que salían de sus labios cada vez que se retiraba. Tenía los ojos muy abiertos, escuchando los sollozos entrecortados de mi hija mientras intentaba comprender lo implacable que había sido con su cuerpo. "Buena... niña...", la tranquilicé suavemente, acariciando con los dedos la piel

