Capitulo 35

2399 Words

¡Maldita sea, Layla! —maldije para mis adentros, de pie frente a su coche, mirando al último animalito peludo del bosque que se había quedado atascado en la rejilla inferior. En realidad no era culpa suya, ya que sus noches en el restaurante significaban que conducía a casa en la oscuridad, justo cuando los animales andaban buscando comida. Pero aun así, eso significaba que mi padre tenía que encargarse de quitar los restos. Acababa de regresar de la oficina, donde había aprovechado la tranquilidad del domingo para ponerme al día con el papeleo de otra adquisición en la que nuestra empresa estaba trabajando. Pero a primera hora de la tarde estaba cansado de ver números y solo quería relajarme. Volví a maldecir mientras intentaba sacar a duras penas lo que quedaba de la ardilla listada o

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