Alan
Subo al coche y suspiro, se desliza una lágrima por mi mejilla, no lo puedo evitar, me dolieron sus palabras. Solo si ella supiera todo lo que tengo en mi pecho, pero ya me di cuenta de que no tengo oportunidad para conquistarla, me detesta.
Una semana antes.
Soy el CEO de una empresa de diseño y trabajo demasiado. Soy adicto al trabajo, lo reconozco, pero no hay nada más que tenga mi interés. Hace algún tiempo me enamoré de una chica preciosa. Tenía unas curvas que, Dios bendito, pero por mi idiotez y los estereotipos de la gente, nunca pude decirle lo que sentía por ella y vaya que me arrepiento. Sigo enamorado de ella. Si he tenido chicas en mi cama, pero ella nunca sale de mi cabeza.
Se abre la puerta y entra el idiota de mis mellizos. Ay, Dios, a este no le enseñaron a tocar.
—¿Qué quieres? No tienes educación, ¿verdad? ¿Nunca te enseñaron a tocar?
Él solo voltea los ojos y se sienta sin permiso y lanza un sobre a mi escritorio.
—Sabes que no estás invitado, pero te llevaré como mi pareja.
Yo levanto una ceja y tomo el sobre. Sonrío de lado, este no quiere llevar a su novia por algo. Abro el sobre y me quedo helado.
Empiezo a negar, no, no, esto no puede estar pasando. Me levanto y comienzo a caminar por toda la oficina. Paso mis manos por mi cabello con desesperación, me detengo y volteo a ver a mi mellizo. Se está burlando de mí con dos zancadas llego con él y lo tomo de la camisa, lo levanto. Mis dientes están tan apretados que temo que se quiebren.
—¡Dime que es mentira! ¡Ella no se puede casar!
Él solo niega, yo sé que no lo es, por Dios, ¿qué voy a hacer?
Me siento a su lado y suspiro.
—¿Qué voy a hacer? No lo puedo permitir. Por favor, ayúdame.
Él vuelve a negar, yo sé que si él se lo pide, ella no se casa. Él es su mejor amigo, casi su hermano o al menos así se ven. Al principio tenía unos terribles celos, vivía peleando con mi hermano por su cercanía hasta que me di cuenta de que no era ese tipo de amor que sentían mutuamente. Ellos se aman mucho, pero como dos hermanos.
Me levanto, tengo que hacer algo. Voy a casa de mi hermana. Ella me tiene que ayudar. Llego gritando como loco.
—¿Dónde estás, maldita sea?
Veo cómo mi hermana viene bajando las escaleras y detrás de ella, mi cuñado. Me acerco apenas le voy a decir algo y me da un golpe en la cabeza.
—Vuelves a entrar así a mi casa y te rompo la cara. ¿Qué te pasa? ¿Por qué gritas así?
Yo suspiro, trato de calmarme, pero no puedo.
Me siento en la sala y tapo mi cara con mis manos. Una lágrima se desliza por mi mejilla. Diane llega y se sienta a mi lado, soba mi espalda. Escuchamos el timbre y en eso llega mi mellizo.
—Por Dios, aquí estás, saliste como loco. ¿Qué te pasa?
Yo solo suspiro, vale, es tiempo de decirles a todos.
—Estoy enamorado de Made desde hace mucho tiempo.
Di deja de sobar mi espalda y me da un golpe. Esa mujer, es agresiva, por Dios, pobre Pato, como la aguanta.
Solo escucho cómo se carcajea mi hermano. Se le comienzan a salir las lágrimas y se agarra el abdomen, Di solo me fulmina con la mirada.
—Lo sabía, sabía que estabas enamorado de mi nena. Pero lamentablemente, hermanito, oportunidad con ella no tienes.
Ay, mi hermano, cada estupidez que dice es obvio. Si se va a casar, yo solo tallo mi cara con desesperación.
—Eso es obvio, Leo se va a casar, si te das cuenta, ¿verdad?
Él comienza a negar y se pone serio. Esto no me gusta.
—Digamos que no es precisamente por eso. La persona con quién está no vale la pena. Lo conocí cuando fui a España y es una sanguijuela. De hecho, le iba a decir a Di que no le diera trabajo, pero no quería que mi nena se enojara, así que no dije nada. Pero tú no tienes oportunidad por una plática que tuvimos en bachillerato, ¿recuerdas?
Yo niego, no sé de qué me habla. Él solo sonríe triste.
—Bueno, pues en bachillerato tú y yo estábamos platicando. Yo te dije que si ella te gustaba, tú dijiste que no, porque era gorda y que la defendías por lástima. ¿Lo recuerdas?
—Siento un golpe de mi hermana, pero sí, lo recuerdo, pero eso lo dije por salir del paso. ¿Y eso qué tiene que ver? No entiendo.
Mi hermano suspira.
—Bueno, Alan, ella escuchó todo lo que decías de ella. A partir de ese momento, ella y yo nos hicimos inseparables.
Yo solo asiento, pero que idiota, por eso ella siempre me esquivaba. Si yo llegaba a un lugar, ella se iba. Si yo le sonreía, ya no la devolvía. Ahora entiendo todo. Me levanto y comienzo a caminar. Me despido de mis hermanos y me voy a mi departamento. Necesito estar solo, pensar.
El día de la boda
Llego a casa de mi hermana. Supongo que están por salir al aeropuerto, pero no está hablando por teléfono. Solo escucho cuando dice.
—No te preocupes, yo arreglo todo, pero me tienes que contar todo, ¿vale?
Ella me hace señas de que guarde silencio. La miro con una ceja alzada. No sé qué está pasando, pero es algo importante. Apenas voy a preguntar cuando ella me dice:
—No hay boda, se cancela. No preguntes por qué, no lo sé todavía, pero necesito hablar con Leo. Necesito que vaya a España ya.
Ella empieza a marcar y yo le quito el celular y empiezo a negar.
—Yo voy. Es mi oportunidad de verdad. La amo y quiero luchar por ella.
Ella suspira y asiente.
—Está bien, pero no le digas que yo te mandé. Dile que vas por trabajo. Escúchame bien, Alan, si la lastimas, te corto las pelotas. ¿Entendiste?
Le robo un beso a mi hermana. Sé que me ama, pero también la creo capaz de hacerlo. Corro al aeropuerto. Sé que el avión está listo, pues ellos se iban temprano. Cuando llego a España, le llamo. Le digo que por trabajo estoy en el país, pero que supe que viajaría de regreso a casa. Acepta irse conmigo. Estoy muy feliz. No me quiero hacer ilusiones, pero tengo la esperanza.
Toqué a su puerta. Me sudan las manos, estoy nervioso, parezco un adolescente. Cuando abre, ¡santa madre! Pero si antes estaba hermosa, ahora más. Su cabello rojo está más largo, se ve más madura, toda una mujer. Le regalo mi mejor sonrisa. Me deja pasar y no lo puedo evitar, le doy un beso en la mejilla. Esta mujer me va a matar, aquí es donde uno se da cuenta de que no es fácil olvidar al amor de tu vida.
Llegamos al aeropuerto. Me encanta tomarla de la mano. Ella parece encantada con mi avión. Veo que se acomoda. No lo puedo evitar, voy y me siento a su lado.
La veo incómoda, pero tengo que preguntarle por qué nunca fue así conmigo como con mis hermanos. Pero para qué buscas si no quieres encontrar, y eso fue lo que me pasó. Ella recordaba mis palabras, mi hermano tenía razón, pero tengo una oportunidad de conquistarla, de demostrarle que ya no soy la persona que era antes. Voy a subir a mi coche cuando veo cómo corre hacia los brazos de Leo. Cómo quisiera ser yo el que la recibe así. Ella voltea y me ve. Yo solo sonrío.
Qué puedo hacer, la cagué. Tenía razón cuando me dijo mi hermano: "Te puedes arrepentir de tus palabras", y vaya que me arrepiento. Pero aún no estoy condenado, o eso espero.